Más ciencia y menos realismo mágico

El encuentro contó además con una ponencia sobre cambio climático a cargo del Nobel mexicano, Mario Molina y fue moderado por el físico, historiador de ciencia y académico de la Real Academia Española, José Manuel Sánchez Ron

Por Ana Teresa Toro 
Especial El Nuevo Día

 Como siempre, con una luz, su sombra. Si bien la cultura literaria y humanista en el mundo que habla español es indiscutiblemente una de las muestras de ingenio más poderosas en nuestra lengua, también lo es que ello -a juicio del escritor y ensayista Jorge Volpi- uno de los efectos que ha redundado en que la sombra en torno al conocimiento científico divulgado en español, y el estímulo mismo a la investigación científica, sea tan limitado en comparación con el inglés. Algo que ha comparado con la carrera entre la liebre y la tortuga.

Sus expresiones se dieron en el marco de la sesión plenaria Ciencia, pensamiento y comunicación en lengua española que inauguró la jornada de ayer jueves del VII Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebra hasta este sábado en San Juan. Las ponencias se enfocaron, principalmente, en el lugar que ocupa el uso del español para el tratamiento de temas científicos y lo que esto significa en términos no sólo de un desarrollo en materia de investigación, sino en términos económicos, educativos y a mayor escala de justicia social. ¿Por qué la ciencia no habla tanto español como las artes? Fue una de las preguntas recurrentes de este panel que se presentó ante un auditorio ocupado por varios centenares de maestros y público general, bajo la presidencia de Jaime Labatista, director de la Academia Mexicana de la Lengua.

La sesión inició con el premio Nobel de Química, el mexicano Mario Molina, quien dictó su conferencia magistral en torno al cambio climático, en la que puso particular énfasis en los mitos en torno al tema que han incidido en la desinformación y, por ende, en una falta de apoyo gubernamental para atender los riesgos inherentes a ello. Molina insistió en que, pese a que existe un concenso casi general en la comunidad científica en torno a la veracidad de las investigaciones, en la esfera pública la mayoría de los artículos periodísticos los tratan con escepticismo. El primer mito, expuso, lo es la idea de que los cambios que se observan hoy día en el clima son naturales y no tienen conexión alguna con las actividades humanas. Sin embargo, recordó que "desde la revolución industrial estamos cambiando la composición química de la atmósfera".

El segundo mito que Molina destacó lo fue la noción "equivocada de que los cambios climáticos ocurrirán a finales de siglo y con probabilidad serán beneficiosos" y las ideas que sostienen que "no es prudente enfrentar el cambio climático, pues el costo sería prohibitivo". 

        

La otra estela del realismo mágico

Concluida la exposición del Nobel, dio inicio el panel moderado por el físico y académico de la Real Academia Española, José Manuel Sánchez Ron, quien, en su saludo, recordó que "el 

El primer orador lo fue el científico Daniel R. Altschuler, quien reflexionó en torno a la ciencia, la literatura y la aportación de Hispanoamérica, tomando como barómetro el número de premios Nobel en literatura que posee  la región (11) en comparación con los de ciencia que son apenas siete, y seis de ellos compartidos. Esta disparidad, observó, se debe entre otras cosas a que "son pocos los científicos que han ingresado en la política. Muchos de nuestros gobernantes saben mucho de leyes humanas y muy poco de leyes naturales".

El apoyo de los ciudadanos y la búsqueda de un lenguaje de difusión más efectivo, serán a su juicio fundamentales para dar estímulo a la investigación en español. "Porque ahí donde los políticos trazan fronteras, los científicos se dedican a cruzarlas".

Luego habló el neurocientífico argentino y conocido autor del éxito de ventas Usar el cerebro, quien elaboró en torno a cómo desde la ciencia contamos ya con el conocimiento que demuestra cómo es que se construyen los paradigmas y los efectos que esto puede tener en espacios como la ley o la educación, pero sobre todo en el individuo y el colectivo.

"En Latinoamérica tenemos que cambiar este sesgo mental que quizás nos hace estar atrasados en ciencia y tecnología que es la base del desarrollo social. Nuestro desafío es apostar a la educación de calidad, a la ciencia y la tecnología y eso no va a pasar por mayor inversión, por menos inflación, va a pasar si hay un cambio en los sesgos mentales de nuestra sociedad que 

El único no científico del grupo, pero experto en el tema del cerebro y sus vericuetos, Jorge Volpi cerró la sesión con una ponencia en la que vinculó el estado actual del estudio científico en el mundo en español, a factores culturales.

"Los países hispanohablantes nos sentimos casi orgullosos de nuestra incultura científica, de nuestro analfabetismo científico. He oído a muchos escritores y artistas, historiadores, científicos sociales y filósofos de nuestra región vanagloriarse de que nuestra cultura latina privilegie estas materias en contra de la ciencia, de lo racional y lo que llamamos cuadrado y que asociamos con alemanes anglosajones nórdicos franceses", dijo e insistió en que "mientras sigamos pensando así no avanzaremos". También insistió en la inutilidad de dividir la cultura científica de la humanística.

"Nada en nuestra cultura cotidiana nos invita a pensar en la ciencia y a pensar científicamente, pese a que vivimos en sociedades cada vez más laicas y alejadas de lo religioso. Quizás, el origen católico de la cultura hispánica aún  tenga un enorme peso en el modo de enfrentar la realidad, de pensar y entender los fenómenos que nos rodean".

Algo que vinculó con visiones de mundo como la que se desprende del realismo mágico. "Si la ciencia aparece tan poco en la narrativa que hemos construido de nosotros mismos y escasos cuentos, se debe a que seguimos mirando la ciencia con cierta desconfianza. Ser tachado de racional en nuestro ámbito nunca es un elogio y menos si se aplica a nuestra literatura que privilegia los aspectos emocionales frente a los intelectuales".

Y ahí, quizás, en el balance entre estas ideas, entre la luz de nuestra imaginación y la conexión cultural con el mito versus la luz del ejercicio científico puro y duro, exista una puerta de entrada para integrarnos en español a este diálogo global que acontece en inglés.



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