Casa Pueblo cumple 35 años

Por Rosita Marrero / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Casa Pueblo se convirtió en la sede de esos adjunteños que organizaron la lucha de protesta. (Archivo)
El joven científico y ambientalista, Arturo Massol Deyá, recuerda cómo comenzó esa lucha comunitaria, cuando apenas era un niño.

Mirando atrás, de no haber existido una lucha comunitaria en contra de la explotación de las minas en Adjuntas y Utuado, hubiese ocurrido un desastre ecológico en Puerto Rico, de grandes proporciones, afectándose los bosques, los cuerpos de aguas y los pobladores.

“Si en ese periodo no se hubiese hecho nada, por defender esta zona, 35 años después, esos depósitos y los recursos estarían ya agotados, Hoy, en vez de estar celebrando los ríos, los bosques y las aguas, estaríamos sufriendo lo que serían la destrucción de esos 17 enormes cráteres y las consecuencias de su impacto en los ríos, el daño al paisaje y la destrucción de las tierras agrícolas”, dramatizó el científico y ambientalista, Arturo Massol Deyá.

 

Hoy, cuando se celebran 35 años de la fundación de Casa Pueblo, el joven Massol, recuerda cómo comenzó esa lucha comunitaria, cuando apenas era un niño.

“Muchos no recuerdan o desconocen cómo comenzó esa lucha comunitaria. Yo tenía 12 y 13 años. Veía a mis papás reunirse con grupos de la comunidad, con ese sentido de urgencia ante lo que representaba la amenaza de la minería”, dijo.

“En unos comienzos, no había acceso a las comunicaciones. Estábamos aislados. En quinto grado, me tocó dar mi primera conferencia a mis compañeros de escuela con unas fotografías que mostraban lo que era la minería”, recordó.

¿Cuánto comprendían a esa edad lo que sucedía?
Ya a esa edad, cuarto, quinto, y sexto, que ahora los vemos con el Bosque Escuela, creo que los niños son muy receptivos y entienden. Algo habrán entendido. Lo importante es comunicar a todos los niveles, lo que son recursos naturales y la vida.

¿Cómo ha crecido el apoyo a Casa Pueblo, desde entonces?
Después de comunicar con las herramientas que teníamos, barrio por barrio, sobre las minas, una sola persona fue a la plaza pública .Treinta años después, cuando la Comisión Técnica y Científica tuvo que organizarse ante la amenaza del gasoducto, la movilización de oposición fue de 30 mil personas.

Massol Deyá dijo que ese dato ejemplifica el crecimiento de esa autogestión que abrazó la ciencia y el conocimiento y que trabaja con la cultura, que nos da identidad. Gente, cultura e identidad, dijo.

“En ese periodo, era la guerra fría. El que propusiera protestas contra el gobierno era comunista, era machetero, era terrorista. Usaban todos esos adjetivos para tratar de marginar las voces comunitarias. Al final, cuando uno ve que se defienden las aguas, los bosques y paisajes y que esa defensa no responde a una ideología política, sino que se trata del espacio de todos,eso fue el detonante que llevó a que organizaciones políticas, religiosas y sociales se unieran en contra de la explotación minera”, acotó..

Ustedes parecen tener una misión. ¿Qué hacen todos los días de su vida?
Juan Antonio Corretjer nos enseñó que la felicidad está en la lucha. En hacer. Cuando diariamente abrimos esta casa y recibimos gente en nuestros bosques y ya tenemos una escuela, ese es el motor que impulsa a mis papás, a mí, a muchos, en una gestión voluntaria para seguir haciendo. No sé si es una misión.

Casa Pueblo, agregó, se convirtió en la sede de esos adjunteños que organizaron la lucha de protesta.
“Pero nos damos cuenta que había una necesidad en el pueblo de otras cosas, usamos los artesanos, la música y surgen muchas iniciativas de afirmación, Esa afirmación es Casa Pueblo y el Café Madre Isla, que son proyectos de afirmación, de construir. Atrás quedó la negación a las minas, al gasoductos y a la Marina de Guerra. Llevamos 15 años haciendo estudios e investigaciones en Vieques.

 

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