¿Qué es el Proyecto Mujer?

Por Rosita Marrero / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El programa ofrece servicios gratuitos a mujeres con trastornos por uso de sustancias y que han experimentado trauma.

Las mujeres participantes llegan al programa referidas por agencias, centros de tratamiento, hogares, algún profesional o por cuenta propia. (Archivo)

Adictas buscan rescatar sus vidas
Un gran por ciento de las mujeres adictas a sustancias controladas ha tenido experiencias traumáticas que mediaron en el consumo de drogas y conductas de riesgo para el contagio de VIH y otras enfermedades.

El Proyecto Mujer, adscrito al Centro Contigo, de la Universidad Central del Caribe en Bayamón, ofrece servicios gratuitos a mujeres con trastornos por uso de sustancias y que han experimentado trauma.

La doctora Ivis Carrión, directora del Proyecto, explicó que el tratamiento es ambulatorio y que pueden beneficiarse mujeres heterosexuales, lesbianas, transgéneros, transexuales y veteranas, entre 18 a 64 años.

 

“Nos vimos en la necesidad de desarrollar el proyecto porque en Puerto Rico no existía un programa que combinara el tratamiento para la adicción a sustancias sicoactivas y los traumas, producto de situaciones violentas o de abuso, que reciben las mujeres”, dijo la sicóloga.

“La literatura nos dice que cuando las mujeres vienen con un historial de abuso de sustancias, más del 70 por ciento, ha sufrido traumas. Esa experiencia a veces es el medio de empezar a usar sustancias para manejar los efectos de ese trauma, como pensamientos recurrentes y los flashbacks”, comentó la doctora Ivis Carrión, directora del Proyecto Mujer.

Yari Marrero, coordinadora del Proyecto y consejera profesional en el área de adicción, explicó por su parte que las mujeres participantes llegan al programa referidas por agencias, centros de tratamiento, hogares, algún profesional o por cuenta propia.

Carrión, en tanto, agregó que el proceso comienza con la identificación de cualquier conducta de riesgo de la participante que puede provocar contagio de VIH y hepatitis.

“Se les hace las pruebas de laboratorios y se identifica si hay hepatitis para minimizar el contagio a otras personas, si lo tuviesen. Aprenden otras formas de funcionar. Se hace también una evaluación sicológica y se determina si hay una condición de salud mental”.

¿Y si hay diagnóstico mental?

Identificamos un proveedor que atienda al mismo tiempo la conducta y la salud mental, en conjunto.

Digamos, que soy una paciente, ¿cómo es la terapia?, preguntamos a Marrero.
Después de los laboratorios y la entrevista inicial, volvemos a hablar de las conductas de alto riesgo. Le damos consejería para la reducción de riesgo de VIH. Exploramos si hay conducta sexual de riesgo, si comparte jeringuillas. Le hablo de los mitos del condón y lo sustituimos por realidades.

¿Cuál es el mito?

Que la sensación no es igual; que la decisión de uso, es de la otra persona y no de ella y que apaga el fuego ( la pasión). Si usa ducha vaginal, piensan que las ayudan a limpiarse, después de una relación y que no se contagia. Le decimos que a través del cambio de fluidos corporales, siempre hay posibilidad de contagio. Que puede negociar con su pareja si quiere protegerse.

Empoderadas con el conocimiento

Carrión, por su parte afirmó que empoderan a la mujeres con el conocimiento para que negocie con su pareja sexual y vele por su bienestar.

“Sabemos que si está consumiendo sustancias, no tiene control de su conducta. Si logramos que baje ese consumo, va a tener más control y más empoderamiento. Va a tomar decisiones más enfocadas en su bienestar. Va a reducir el contagio. A su vez, las ayudamos a comprender que esa experiencia traumática, los flash backs, son las que pueden ser detonantes para consumir la sustancia, para olvidar. El 86 por ciento presenta historial de abuso emocional; el 70 por ciento, abuso físico; y 50 por ciento, abuso sexual.

El consumo de drogas de estas mujeres, indicó Carrión, muchas veces, se relaciona a todas esas experiencias traumáticas. Indicó que tienden a vivir periodos prolongados de abuso con frecuencia y con diversos perpetradores.

“Con hombres, es abuso físico y con desconocidos. Con las mujeres, casi siempre son personas que debieron protegerlas y amarlas. Cuando el abuso es de alguien que se supone que te ame, que te proteja y por la que sientes afecto, la confunde y la predispone a alguna condición de salud mental”, puntualizó.

Por último, señalaron que cuando hablan de mujeres se refieren a diferentes grupos dentro del género, incluyendo heterosexuales, lesbianas, transgénero, veteranas y bisexuales.
“Es bien importante porque muchas veces la comunidad LGTB no tiene donde conseguir servicios, principalmente las mujeres transgénero”, apuntó Carrión.

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