Cuando nace una madre

Proyecto Nacer acompaña madres y padres adolescentes y les posibilita el camino para que puedan completar estudios

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

Haber culminado el cuarto año de escuela superior, cursar un bachillerato y tener un empleo le han dado una gran satisfacción a la joven de 21 años Cherryll González, pero no más que el modelo que le brinda a Julie, su hija de cinco años.

"Me motiva a seguir adelante, no solo el impulso de ser proveedora, sino el ejemplo que le estoy dando a ella. Julie me dice 'mamá, yo quiero ser como tú, ir a la escuela, después ir a la universidad y tener un trabajo'. Yo quiero que ella aspire a algo", comparte la joven madre beneficiada por el Proyecto Nacer, con sede en Bayamón, organización que la ayudó a identificar sus metas y a cumplirlas.

Este no es un escenario usual a su alrededor. González es la primera universitaria en su familia, pero sus sueños de culminar estudios vocacionales en electrónica industrial en la escuela Tomás C. Ongay de Bayamón, se vieron seriamente amenazados con su inesperado embarazo a los 16 años.

"Se me hacía bien difícil llegar a la escuela", recuerda esos años viviendo en el residencial Villa Caparra con una bebé. "Tenía que coger el tren a las 5:30 a.m. y dos guaguas públicas para llegar a la vocacional. El gasto era excesivo, a veces no tenía dinero. Ya estaba en décimo grado pero no era una opción viable para mí. Casi no veía a Julie".

Un familiar le habló del Proyecto Nacer y acudió a orientarse.

"Lo que más recuerdo es el recibimiento cálido que me dieron; me entendieron, no me sentí juzgada. En la escuela pública, aunque en esa época en que yo estudiaba un 17% de los nacimientos eran de madres adolescentes, hay cierto repudio. Ellos entendieron mi situación y me encaminaron con distintas ayudas", rememora.

Una puerta se abre

En verano del año 2013 la joven comenzó en la escuela de educación alternativa que el Proyecto Nacer tiene para madres y padres adolescentes, y la pequeña Julie asistía al centro preescolar que la organización estableció para viabilizar los planes de superación de los participantes. En un año cumplió con los requisitos de grado once y doce. Se graduó en septiembre del 2014.

"Me gradué del curso general y fui honor", puntualiza.

"Muchas cosas me ayudaron en el proyecto: me proveyeron transportación de ellos para llegar desde mi casa, el sistema de enseñanza es bien individualizado, son 10 a 12 personas por salón, lo que me ayudó a aprender mejor y además tenía la seguridad de que a Julie le estaban dando un buen cuidado, podía estar en contacto con ella", resalta González.

La joven recalca que el curso de paternidad requiere a los padres estar una hora en el cuido con su hija "porque nos enseñan a que seamos sus primeros educadores". "Me sentí completa", reflexiona sobre su rol de madre y estudiante.

Ahora González cursa un bachillerato en la Universidad del Sagrado Corazón y trabaja. Mirando atrás reconoce que su precipitada maternidad la expuso a errores que fue “sobre llevando” pero está contenta con su vida.

"A veces hay cosas que no puedo hacer. Por ejemplo, cualifico para un internado, pero por el horario no puedo cogerlo, pero al estar Julie vale la pena. Yo quiero hacerlo bien, ella es mi motor", confiesa.

“No es lo mismo cuando tienes gente que está ahí contigo, que sigue estando contigo. Ellos son una red de apoyo”.

 

Sin la ayuda del Proyecto Nacer, González asegura que hoy sería "una desertora escolar".

"Uno entiende que está inmadura en su maternidad y yo le hablo de eso a las mamás adolescentes. Todavía no has terminado de crecer, pero eso no significa que no lo puedas hacer", les comenta en las charlas.

"Yo hubiera perdido mucho si no hubiera tenido la ayuda del Proyecto Nacer, quizás lo más que hubiera conseguido era una certificación de cuarto año. No es lo mismo cuando tienes gente que está ahí contigo, que sigue estando contigo. Ellos son una red de apoyo", finaliza González consciente de que crecer es un proceso para toda la vida.  

 

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