Trazo liberador

¿Qué pueden lograr reclusas de distintas edades comprometidas con una clase de Arte? La exposición “Juntos para RehabilitARTE” lo demuestra.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

La invitación del facilitador de Arte eliminaba cualquier duda de las estudiantes ante sus capacidades artísticas. “Empiecen feo”. Así, Benjamín Morales, las aborda en el taller que ofrece en el Complejo de Rehabilitación para la Mujer en Bayamón, gracias al Proyecto de Servicios Psicoeducativos que gestiona la Fundación Felisa Rincón de Gautier desde el año 2002.

Nilda Acevedo, Carmen Nieves, Johanna Álamo y Betzaida Maldonado acudieron a la exhibición de sus obras de arte.

Nilda Acevedo, Carmen Nieves, Johanna Álamo y Betzaida Maldonado acudieron a la exhibición de sus obras de arte.

En este caso, lo que comenzó “feo” terminó bonito según confirmaron los trabajos de estas artistas reunidos en la la exposición “Juntos para RehabilitARTE”, que recientemente abrió al público en las instalaciones de Fulcro Insurance, situadas en la calle San Francisco del Viejo San Juan.

El artista Benjamín Morales Correa fue el facilitador del taller de arte. Aquí junto a Hilda Rodríguez, directora de la Fundación Felisa Rincón de Gautier, a la derecha, y Kalitza Baerga, facilitadora del taller

El artista Benjamín Morales Correa fue el facilitador del taller de arte. Aquí junto a Hilda Rodríguez, directora de la Fundación Felisa Rincón de Gautier, a la derecha, y Kalitza Baerga, facilitadora del taller "Maternidad a la distancia", a la izquierda.

Las obras exhibidas fueron creadas por participantes en el antes mencionado complejo carcelario de Bayamón, así como en el Centro de Detención Juvenil en el mismo municipio y en el Hogar Intermedio para Mujeres en San Juan. Cerca de 90 reclusas reciben talleres de Calidad de vida, Maternidad a distancia, Computadora, Inglés, Dibujo y Pintura, Salsa y Zumba, ofrecidos por la fundación con el apoyo del Departamento de Corrección y Rehabilitación.

“Es igual la experiencia con todos los estudiantes, siempre están los temores de que no quede bien la obra, hasta yo mismo los tengo cuando pinto”, reconoce el  profesor Morales, “claro que para ellas esto representa algo muchísimo más liberador; se sienten muy bien, se tratan con respeto, comparten bien en la clase”.

Explica el profesor que primero hacen ejercicios básicos de dibujo para que “cuando empiecen a pintar se sientan más preparadas”. Ahí es cuando las invita a pintar feo.

“Jamás y nunca pensé que mis manos podían hacer todas esas cosas que yo hice y que han podido hacer cada una de mis compañeras”

“Yo les insisto, todo el mundo quiere hacer algo bonito desde el principio y, si eso pasa, siempre vas a estar temiendo que no te salga. Yo les digo ‘no, tú tienes que empezar feo y ya tú verás que a medida que progreses el cuadro se va a ver tan lindo que ni tú misma lo vas a creer. Ese mismo proceso les da mucha más confianza”, asegura Morales.

Los resultados son interesantes. Johanna Álamo nunca había pintado y aún se sorprende con lo que logró.

“Para mí fue una experiencia que nunca se me había ocurrido, jamás y nunca pensé que mis manos podían hacer todas esas cosas que yo hice y que han podido hacer cada una de mis compañeras”, dice entusiasmada Álamo durante la apertura.

Ella confiesa que reconocer su capacidad en esta destreza la ayudó a “estar segura de mí misma, a pensar que yo sí puedo”. “Además de pintura puedo hacer un montón de cosas, ahora sigo pintando por ahí pa’ abajo, tengo mis dibujos aparte para cuando salga, seguir pintando”, anticipa Álamo.

Nilda Acevedo era la otra cara de la moneda. Siempre dibujó desde chiquita guiada por su papá y su abuelo. “Aprendí mucho”, describe su experiencia en el taller, “y también aprendí mucho de ellos ellos (padre y abuelo). Ellos fallecieron pero me quedé en mi mente con el dibujo”.

Otras disfrutaron la oportunidad pero reconocen que el arte no es su fuerte.

No es lo mío”, cuenta Betzaida Maldonado, “a ella le apasiona y le mete en las sesiones (dice sobre sus compañeras) pero en las clases yo me pasaba peleando con el míster porque le decía ‘¡míster, esto no me sale!”.

Álamo agrega, entonces, que cada vez que la frustración se asomaba, el profesor Morales les decía “no te rajes, tú vas a ver que te va a quedar bien, dale, pon de tu parte”. “Él siempre nos da ánimo”, dice.

Siempre que llegaba a esa clase me encantaba y tú te envuelves y como que te vas, no piensas que estás en ese lugar”.

“Yo no pintaba nada hasta que llegué a esta clase. El maestro verdaderamente se esfuerza por enseñarnos, es excelente. Siempre que llegaba a esa clase me encantaba y tú te envuelves y como que te vas, no piensas que estás en ese lugar. Yo jamas pensé que iba a pintar, que iba a tener esas pinturas más nunca y mira. Me encantó esa clase”, comenta Nieves. Carmen Nieves tampoco se había relacionado con el arte y se sorprende con los resultados obtenidos.

Por su parte Maldonado agradeció de parte del grupo “la experiencia”. “Se siente bueno que estén pendientes de nosotras. Gracias por la oportunidad, todos son privilegios”, resumió.

TRANSFORMAR UNA CLASE A LA VEZ

Hilda Rodríguez está atenta a todos los detalles durante la ceremonia de apertura de la exhibición. La directora ejecutiva de la Fundación Felisa Rincón de Gautier agradeció el apoyo de Fulcro Insurance para viabilizar la muestra.

Nilda Acevedo rescató en el taller enseñanzas de arte que primero recibió de su padre y de su abuelo.

Nilda Acevedo rescató en el taller enseñanzas de arte que primero recibió de su padre y de su abuelo.

“Para nosotros es un logro, es una manera de que ellas vean que el trabajo que estamos haciendo sí vale la pena, sí lo están reconociendo, otras personas lo van a ver”, menciona Rodríguez.

Rodríguez recuerda que comenzaron los talleres trimestrales en la Cárcel de Mujeres en Vega Alta en el año 2002. “Nadie más daba talleres en esa época, solo los oficiales del Departamento de Corrección”, recuerda.

El interés en asistir, la puntualidad y el compromiso de las confinadas con cada taller les inspiró a continuar. Los fondos acortaron en el 2010 y tuvieron que recesar, pero en el 2014 pudieron retornar con la misma propuesta gracias a Donativos Legislativos.

“Misi, haga algo” o “misi, qué nos va a traer nuevo”, son frases que Rodríguez escucha con frecuencia cuando las reclusas quieren acceso a nuevos cursos.

“De tres talleres que dábamos al principio, este año estamos dando nueve”, menciona Rodríguez, “este trimestre estamos dando talleres a la población máxima (seguridad) y ha sido excelente”.

Algunos facilitadores compartieron sus experiencias con las estudiantes. María Pagán les instruye “desde computadora básica hasta cómo hacer presentaciones en Power Point”. Emma Piñero apoya con las juveniles y acepta que “son encantadoras, es bien difícil no apegarse a ellas”.

Por su parte, José Ángel Negrón imparte cursos de Zumba. “Ahí las desconectamos por completo”, dice en torno a la clase.

“Ellas ven la oportunidad de hacer algo fuera de ese encierro que tienen, hacen actividad física, se cuidan más, saben que esto es un privilegio así que durante la semana se protegen porque el lunes quieren participar de esa actividad, rebajan, están contentas, no hay pérdida ninguna. Ellas salen del módulo, son dos horas que están libres dentro de su encierro”.

A la facilitadora Kalitza Baerga le toca un curso más desafiante: Maternidad a distancia. “A ellas las separan de sus hijos, es parte del castigo, y muchas de ellas vienen de ciclos de trauma así que tampoco tienen destrezas para criar. Tratamos de fortalecer ese vínculo entre ellas y sus hijos y darles destrezas de crianza”, expone Baerga.

Dado que no todas tienen contacto con sus hijos, se les exhorta a que lleven un diario en el que anoten sus preocupaciones y sentimientos. “Cuando la vida les de la oportunidad de ver esos hijos de nuevo, que ellas puedan entregarles ese diario y vean que sus mamás se preocupaban por ellos. Para ellas la identidad maternal es un eje importante en sus vidas así que es bien fuerte esa separación”, agrega Baerga.

Ahora en sus diarios también pueden expresarse con dibujos.

Luego de su estadía en el Viejo San Juan, la exposición fue trasladada al Departamento de Corrección y Rehabilitación en Hato Rey donde todavía puede apreciarse. Para más información, llame al (787)723-1897.

 

Fotos: Ana María Abruña






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