Espacios que cobran vida

La iniciativa Mis espacios públicos, que trabajan en alianza la Fundación Ángel Ramos y el Sistema Educativo Ana G. Méndez, colabora con comunidades sanjuaneras en el proceso de retomar y remozar áreas comunes, además de procurarles una futura vida provechosa.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

La frase “manos a la obra” solo significa una cosa: hagamos. En este caso parece ser la punta de lanza del proyecto Mis espacios públicos, que impulsa a que comunidades puedan cumplir sus deseos de remozar áreas comunes abandonadas para revitalizar su uso. Entre algunos beneficios que resultan de la transformación de estos espacios públicos están el fortalecimiento de los lazos comunitarios, el aumento en oportunidades de emprendimiento social y económico, así como una mayor seguridad y mejor salud, tanto física como mental.

Mis espacios públicos es gestado por la Fundación Ángel Ramos a raíz de una invitación que le hicieron de Agenda Ciudadana para colaborar con algunos de sus puntos de enfoque. La fundación decide trabajar con la educación ambiental y ahí comienza el proyecto. Me reclutan para trabajar la coordinación y reclutan, en alianza, al Sistema Universitario Ana G. Méndez desde la perspectiva de educación. Me atrajo la posibilidad de tratar el tema ambiental enfocado en el apoderamiento ciudadano de los espacios públicos”, explica la arquitecta Rebeca Vicens, coordinadora del proyecto.

Pedro Adorno es el artista residente de la Universidad Metropolitana y en este proyecto lideró el proceso de diseño y pintura del mural del centro comunal de Cupey Bajo en colaboración con estudiantes de la institución y líderes de la comunidad Cupey Bajo. Foto / Juan Carlos Álvarez Lara

Pedro Adorno es el artista residente de la Universidad Metropolitana y en este proyecto lideró el proceso de diseño y pintura del mural del centro comunal de Cupey Bajo en colaboración con estudiantes de la institución y líderes de la comunidad Cupey Bajo. Foto / Juan Carlos Álvarez Lara

La idea de que los espacios comunes son únicamente responsabilidad del Estado es derrotada con este proyecto que las comunidades reciben “súper bien”, según destaca Vicens, “porque ya ellos trabajaban proyectos de rescate público en sus comunidades. Nosotros apoyamos sus esfuerzos”, dice sobre la obra en Cupey Bajo y Las Curías.

El trabajo del mural fue tomado con entusiasmo tanto por alumnos como por residentes. Foto / Ana María Abruña

El trabajo del mural fue tomado con entusiasmo tanto por alumnos como por residentes. Foto / Ana María Abruña

El apoyo llega con un donativo de $10 mil por parte de FAR para la compra de materiales de construcción y un contingente de estudiantes universitarios que tienen la oportunidad de poner en práctica conocimientos en distintas áreas.

 La planificación estratégica de las obras fue trabajada siempre en conjunto, fomentando el intercambio de conocimientos y experiencia.Foto / Juan Manuel Pagán

La planificación estratégica de las obras fue trabajada siempre en conjunto, fomentando el intercambio de conocimientos y experiencia.Foto / Juan Carlos Alvarez Lara

Mis Espacios Públicos tiene dos componentes principales: educación y acción comunitaria. El objetivo es crear un banco de voluntarios de jóvenes universitarios que, desde sus disciplinas, apoye esfuerzos comunitarios y del Tercer Sector dirigidos a mejorar el entorno físico que todos compartimos. Para lograrlo, durante los pasados dos años se ha trabajado un proyecto piloto en colaboración con la Universidad Metropolitana (UMET) y la Universidad del Turabo, ambas parte del SUAGM”, explica Vicens.

Acción en en el Centro comunal de Caimito Bajo. Foto / Ana María Abruña

Acción en el Centro Comunal de Cupey Bajo. Foto / Ana María Abruña

Los estudiantes universitarios han asistido a las comunidades en las diferentes etapas del rescate de los espacios. Primero fue la identificación de necesidades y expectativas para estos, fase que transcurrió de agosto a diciembre 2015. El diseño de mejoras físicas se trabajó entre abril y mayo del 2016 y la construcción entre octubre del 2016 y mayo de 2017.

Vicens pone como ejemplo que el diseño esquemático de las mejoras físicas fue trabajado a través de un curso de diseño del Bachillerato de Arquitectura Paisajista que ofrece la Escuela Internacional de Diseño y Arquitectura de la Universidad del Turabo.

Además, como parte del apoyo ofrecido por la Fundación Ángel Ramos, se contrató a la organización sin fines de lucro La Maraña, la cual ofreció coaching a los estudiantes que asistieron a las comunidades en la identificación de necesidades y expectativas para los espacios rescatados. La asesoría se centró en aspectos relacionados al diseño participativo.

ACTIVADA LA COMUNIDAD

En Cupey Bajo, Vicens cuenta que la comunidad había retomado el centro comunal y Mis espacios públicos colaboró con su desarrollo. “También trabajaron el rescate de la cancha de baloncesto bajo techo y del parque de pelota; con el Municipio de San Juan habían gestionado la construcción de una pista para caminar. Tienen todas esas instalaciones comunitarias deportivas que querían remozar para hacer actividades comunitarias en todas ellas”, señala la coordinadora del proyecto.

En Las Curías el trabajo parecía no acabar. Foto / Ana María Abruña

En Las Curías el trabajo parecía no acabar. Foto / Ana María Abruña

De otra parte, en Las Curías se había completado la construcción de un paseo lineal en colaboración con el Municipio de San Juan. “Tienen un gimnasio comunitario, un centro comunal, una cancha de baloncesto bajo techo y diferentes programas que llevan a cabo en estas instalaciones. Quedó un espacio remanente al construir el paseo lineal así que querían hacer algo allí; un parque pasivo donde estudiantes y adultos pudieran estudiar y estar”, sostiene.

“Eso es lo que se desea, que este sea un modelo a emular. A mí me parece maravilloso cuando se da y el resultado es positivo para ambas partes”.

La arquitecta indica que Mis espacios públicos ordena los esfuerzos de la comunidad y los ayuda “a llevar a cabo esa idea que tenían”. “Además del aspecto de construcción, los estudiantes de Negocios de la UMET ayudan a diseñar un plan estratégico de administración y operación de espacios. Así ambas partes se nutren de los conocimientos compartidos y los estudiantes hacen trabajo en la vida real”.

Presenciar cómo esas dos fuerzas trabajan juntas –la comunidad y los estudiantes- es uno de los privilegios que concede el proyecto. “Eso es lo que se desea, que este sea un modelo a emular. A mí me parece maravilloso cuando se da y el resultado es positivo para ambas partes”.

 Las comunidades decidieron sacar provecho de sus espacios públicos. Foto / Ana María Abruña

Las comunidades decidieron sacar provecho de sus espacios públicos. Foto / Ana María Abruña

Si bien la UMET ya acabó su proceso de asesoría, continuará laborando con ambas comunidades -ya que son vecinas a su recinto ubicado en Cupey- asesorándolos en aspectos programáticos y administrativos “para que esos espacios se mantengan ocupados y en buen uso”.

Dado el éxito del proyecto piloto, la Fundación Ángel Ramos está en el proceso de identificar organizaciones sin fines de lucro con potencial de aportar a la causa para establecer alianzas con el SUAGM.

“Cuando eso pase, arrancarán nuevos proyectos”, promete la arquitecta Vicens.

Las manos no paran de obrar.

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