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El arte nuestro de cada día

El arte que en cada lección trabajan para complementar destrezas es vital en la vivencia educativa que promueve esta rama del proyecto educativo Nuestra Escuela.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Eva Yamila Rodríguez Guzmán y Yahed Ricardo Medina Lanzó, ambos de diez años,
son alumnos de Nuestra Escuelita. Foto / Javier Del Valle

Desde que en el año 2000 Nuestra Escuela instauró su modelo educativo que privilegia las opiniones del estudiante con respecto a su proceso académico, más de 1,600 desertores escolares han descubierto que, contrario a lo que habían creído bajo el modelo de educación tradicional, sí podían alcanzar metas escolares, sanar su autoestima y obtener un diploma.   

En el año 2011, esta organización sin fines de lucro ganadora del Premio Tina Hills 2015, optó por extender su estilo educativo a recién nacidos y niños hasta doce años, en lo que bautizaron como Nuestra Escuelita. Los educadores fundadores, Justo Méndez Arámburu y Ana Yris Guzmán Torres, entendieron que era meritorio adelantarse a situaciones difíciles que podrían vivir alumnos en escuelas tradicionales. Hoy Nuestra Escuelita, que solo está en el Centro Tau de Loíza, cuenta con 50 estudiantes.

“Nuestra Escuelita nace con el deseo de hacer un trabajo preventivo más que remediativo”, detalla Marivette Lanzó Cortijo, coordinadora de Nuestra Escuela en Loíza por los pasados trece años.

“Cuando llegan a nosotros adolescentes ya lastimados, lacerados y con vivencias difíciles, quizás el trabajo que hay que hacer con ellos es más complicado. En Nuestra Escuelita queremos atender estas situaciones para que, desde que tienes dos meses de edad, puedan iniciar a formarse en la educación que aspiramos para todos los niños de este país”, dice Lanzó.

Además de su enfoque preventivo, la coordinadora explica que la educación que reciben los niños consta “de un acercamiento que guarda relación con la educación democrática, personalizada e individualizada que se ofrece en Nuestra Escuela”.

“No tenemos un currículo cerrado sino que con las mejores prácticas educativas, niños y niñas van transformando su futuro decidiendo qué quieren ser, qué aspiran en su vida. La diversión está involucrada a su proceso educativo y con las artes van conociendo el mundo”, explica Lanzó.

Nuestra Escuelita trabaja por niveles de destrezas que no corresponden a ninguna edad o grado específico: Infantes, Exploradores, Aventureros, Sembradores, Soñadores y Creadores.

“El arte se utiliza para todo, está involucrado en todo el proceso educativo”, asegura Lanzó quien agrega que la facilitadora de arte Sumary Centeno, se encarga de trazar el camino que seguirán los estudiantes y de despertar su curiosidad.

“Los maestros, como método de documentación, hacen trabajos de arte relacionados a lo que los niños están haciendo y mensualmente eso está expuesto en la escuela. Nuestra Escuelita es como un museo, todo lo que están creando está en los pasillos y en los salones y -sin que nadie te explique- sabes cuál es el tema generador de eso”, manifiesta la coordinadora.

“El resultado es que ellos aprenden, se divierten y sienten que hay pertinencia porque aprenden lo que querían pero a su vez les enseñan otras áreas académicas que son necesarias de una forma divertida, atractiva e interesante”.

Por medio de votación, explica la coordinadora, los estudiantes deciden “qué quieren aprender, cómo y dónde”.

“Así que las materias se ajustan a ese tema. Por ejemplo, si en este semestre hablaremos de la naturaleza, todas las destrezas que debemos desarrollar en el nivel van a raíz de ese tema. El resultado es que ellos aprenden, se divierten y sienten que hay pertinencia porque aprenden lo que querían, pero a su vez les enseñan otras áreas académicas que son necesarias de una forma divertida, atractiva e interesante. Ellos están totalmente involucrados en el proceso; deciden la agenda del día y la facilitadora va dirigiendo ese proceso”, declara Lanzó.

Con orgullo afirma que este nuevo año escolar, el primer egresado de Nuestra Escuelita pasará a Nuestra Escuela. “Tiene el privilegio de continuar su educación a nivel secundario en Nuestra Escuela”, menciona como coordinadora y como madre de un alumno y un exalumno de la institución.

“A mí me encanta lo que pasa en Nuestra Escuela. Mi hijo mayor ya se graduó y el menor (Yahed) llegó a Nuestra Escuelita y es un niño sano, es feliz, ha desarrollado su autoestima y tiene mucha confianza en él”, menciona Lanzó.

Con ella coincide Evelyn Guzmán Román, madre de Eva, y otros dos alumnos de Nuestra Escuelita, Vian Franco, de tres años, y Luis Salvador, de ocho. Desde Caguas viaja a Loíza en busca del tipo de educación que se ofrece en el Centro Tau.

“Vale la pena el esfuerzo”, reflexiona Guzmán, “nos dejamos de dar muchos gustos para hacer esto porque económicamente es fuerte el viaje además del tiempo que toma. Pero cuando le peguntas a mis hijos ‘cómo te va en la escuela’ y ‘soy feliz’ es la contestación que les sale natural, pues eso alimenta. Además, saber que están adquiriendo quizás un mayor conocimiento porque tienen acceso a cosas que otras escuelas ni contemplan, como es el caso del arte, y que lo hacen de forma divertida, pues te das cuenta de que son niños felices y dinámicos. Las escuelas deben ser un lugar de escape porque en la casa están todos los estreses de la vida”.

Desde que asisten a Nuestra Escuelita, considera que sus niños son “personas completas con participación, voz y voto en sus vidas”, su familia “es saludable” y hasta se motivó a terminar un grado en Derecho.

A quienes no entiendan las opciones que ofrece la educación alternativa, esta madre las explica de esta forma: “así como yo guío una guagua y tú un carro, podemos coger caminos diferentes y llegar al mismo lugar”.

“Vale la pena, funciona porque en el sistema tradicional, si no lo logras de X forma nunca lo vas a lograr y tenemos muchos adultos que piensan que por eso no van a lograr nada. Aquí te dicen ‘busca la forma de hacerlo, ponte creativo pero hazlo’. Y ellos lo hacen”, acaba Guzmán.

Fotos y vídeo: Javier Del Valle

 

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