Ayudar a otros en situaciones precarias no es tarea de pocas horas. El apoyo consistente y voluntario de la ciudadanía al Tercer Sector es evidente en el desarrollo de proyectos y en su alcance. Guiado por organizaciones sin fines de lucro, un ejército de personas dispuestas a servir transforma a diario vidas en las zonas metropolitanas y en los barrios más remotos de la isla, en un binomio con potencial infinito. En esta semana de la filantropía te traemos más historias reales de los nuestros.

 


 

Encantados por la ciencia

¿Quiénes? Puertorriqueños de todas edades que han contribuido en investigaciones científicas y también han hecho las suyas durante el programa Ciudadano Científico que coordina Para la Naturaleza.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

Las aves, los ríos, las costas y los murciélagos se sintieron observados. Miradas inquisitivas y maravilladas posaron sobre estos los participantes del programa Ciudadano Científico que gestiona la organización sin fines de lucro Para la Naturaleza. Su contribución al trabajo investigativo que realizan distintos expertos ha resultado fundamental para ambas partes: la que se nutre del apoyo de un ciudadano activo y la que aprende teoría y práctica en un salón al aire libre.  

En un principio, la intención del trabajo junto a ellos era concienciar en torno a la conservación de la naturaleza. Sin embargo, el interés y la responsabilidad de los participantes hicieron crecer el programa basado en los criterios de "Ciencia Ciudadana" de la institución estadounidense National Science Foundation (NSF) que auspició la iniciativa local, Ciudadano Científico.  

"Para la Naturaleza se ha dedicado a impactar el público de distintas maneras desde hace muchísimos años, pero desde el 2008 comenzó la propuesta de Ciencia Ciudadana con NSF donde nos dieron fondos para que el público aprendiera ciencia haciendo ", explica Sandra Faría Dávila, coordinadora de programas de Ciudadano Científico.

Como anillo al dedo le cae la figura del "ciudadano científico" a Para la Naturaleza, una organización sin fines de lucro que resume su primera meta como "integrar a la sociedad en la conservación de sus ecosistemas naturales" y que tiene como meta asegurar que el porcentaje de áreas naturales protegidas en Puerto Rico sea 33% para el año 2033.

El aparente desinterés de las nuevas generaciones por estudiar ciencia llevó a la instauración de estos fondos económicos por parte de NSF. Para la Naturaleza optó por usar dicha herramienta. "La investigacion científica era la conservación de los ecosistemas, queríamos que la gente conociera y se interesara, ya sea haciendo ciencia o de la manera que pudieran, como público general en sus capacidades", puntualiza Faría.

Distintos especialistas han laborado en el programa, según consigna en su página cibernética Ciudadano Científico. Entre el 2008 y el 2016, Maritza Barreto Orta, catedrática de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPR-RP), evaluó los componentes geomorfológicos en dos segmentos de playa en la desembocadura del Río Grande de Manatí: en la playa Machuca, en Manatí, y la playa Boca, en Barceloneta.



Isabel Rivera Collazo, catedrática auxiliar de la (UPR-RP) investigó entre el 2012 y el 2016 cómo las personas han utilizado la cuenca del Río Grande de Manatí, según los cambios o transformaciones culturales del lugar.  

De otra parte, Armando Rodríguez Durán, catedrático de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Bayamón, (UI) evaluó las especies de plantas que los murciélagos utilizan como alimento en la Rerseva Natural Hacienda La Esperanza (RNHLE) y la diversidad y la abundancia de murciélagos en ambientes urbanos y suburbanos entre 2008 y 2016, tanto en la RNHLE como en áreas de la cuenca del Río Grande de Manatí.

Concepción Rodríguez Fourquet, especialista en biología de crustáceos y catedrática asociada de la UPR, Recinto de Bayamón, estudió entre el 2008 y el 2016 la relación entre la calidad del agua, así como la diversidad y abundancia de los camarones de agua dulce en la cuenca del Río Grande de Manatí.

Por su parte, el arqueólogo Agamemnon G. Pantel realizó un estudio sobre la evolución del paisaje cultural en RNHLE y el impacto de las sociedades pre y post colombinas en el paisaje. Mientras que, el biólogo José A. Salguero Faría, M.Sc. Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, estudió la comunidad de aves en los humedales de la RNHLE, la diversidad de especies y sus abundancias relativas entre el 2009 y el 2016. También, realizó estudios sobre las interacciones entre las aves y las plantas dentro de la cuenca del Río Grande de Manatí.

El botánico Eugenio Santiago-Valentín, catedrático de la UPR-RP y Jardín Botánico de la UPR, investigó entre el 2008 y el 2010 los patrones de floración y fructificación de las plantas de la RNHLE. Además, comenzó una colección de referencia de plantas preservadas (herbario) para el laboratorio de la reserva.  

QUIÉN DICE YO

En su primera etapa, el programa atrajo más de 3,500 voluntarios que debían insertarse en labores de investigación científica o monitoreo de alguna especie o ecosistema. Todos donan su tiempo movidos por el deber social de integrar esta misión educativa.

"Que la gente se involucrara y tomara datos, eso era lo único que estábamos proponiendo", recuerda Faría. "Sin embargo, hubo voluntarios que se envolvieron con los científicos, tanto en la toma de datos como en su análisis y en la diseminación de los resultados".

Así confirmaron que había cientos de puertorriqueños interesados en aprender de distintas ciencias. Esto provocó un cambio en el paradigma del Ciudadano Científico.  

Explica Faría que NSF ofrece fondos a través de tres etapas en su iniciativa Ciencia Ciudadana: el contribuidor que ayuda a tomar datos, los colaboradores que interactúan en su análisis y en el diseño de la investigación, y los co-creadores que son voluntarios que hacen sus proyectos con los conocimientos que aprendieron.



"Hay voluntarios que pasaron por todas las etapas y ellos (NSF) dijeron 'nunca hemos documentado cómo pasa eso con un mismo participante' y les dijimos 'si nos das fondos nuevamente lo documentamos'. Y sucedió. Es un caso de estudio para mostrar la eficacia de la enseñanza en un ambiente informal. Por eso, reclutamos menos participantes en la segunda etapa, 1,375, ya que la misma persona tenía que pasar por todas las etapas", asevera la coordinadora.

Los resultados de esa segunda etapa Faría los define como "buenísimos". Cerca de veinte participantes se mantuvieron tres años de la mano de los científicos de Para la Naturaleza investigando, analizando y aportando.

"En este proceso ganamos todos", asegura Faría, "ganaron ellos por el aprendizaje y la experiencia y Para la Naturaleza ganó nuevos aliados".

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