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Centro Esperanza: la alegría de volverse a ver

La enseñanza, la música, los juegos y el cariño vuelven a ser parte de la vida de pequeñines loiceños que regresaron a su escuela Montessori, luego del paso del Huracán María.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

Los abrazos fueron la norma durante el regreso a clases el pasado 16 de octubre, en el Centro Esperanza situado en Loíza. Sor Cecilia Serrano, de las Hijas de la Caridad San Vicente de Paul, tenía pegados a su falda a varios estudiantes de edad preescolar que le mostraban afecto y que, a su cobijo, aguardaban para saludar a los compañeros según llegaban.

De ese modo, la escuela que sigue la filosofía Montessori procuraba cierta normalidad en las vidas de pequeñines que, al igual que el resto de la isla, habían descubierto la furia de los vientos y el agua tras el paso del huracán María el pasado 20 de septiembre.

"Yo me emocioné tanto al verlos llegar", confiesa Sor Cecilia, directora del Centro Esperanza, "quería que los nenes se normalizaran. Yo los recibo con besos y abrazos, pero ellos también se daban besos y abrazos y vi ese sentido de pertenencia; no importa que seas de Colobó, Vieques o Medianía, eres del Centro, somos una familia".

Para la religiosa es fundamental que la facultad y el personal conviva en armonía, de modo que los niños aprendan "en un ambiente de paz y seguridad".

Además de los árboles y las ramas caídas, el techo del comedor y la cocina se fue con los vientos. Voluntarios y personal de FEMA les ayudaron a recuperar los paneles de zinc y con ellos fijar un pequeño toldo que cubre el área de la cocina. El comedor se trasladó al salón de maestros y el salón de música se convirtió en centro de acopio.

Justo ahí maestros y estudiantes de escuelas públicas de la zona toman talleres de Música con el profesor César Canales los lunes y martes. "Melodías de esperanza" permite a los loiceños aprender a tocar viola y violín lo que, a juicio de Sor Cecilia, es la atracción principal para que tengan modos de entretenimiento que los exponga a situaciones diferentes y los aleje de "ideas negativas".

Poco a poco el calendario escolar regresa a regir los días, tomando en cuenta la realidad de sus estudiantes. En un salón de menos de veinte, cinco perdieron sus hogares. El panorama se replicaba en otros salones. Otros alumnos viven en casas de vecinos o familiares porque se afectó alguna parte de la estructura. Algunos todavía habitan en refugios. Las vidas de todos cambiaron, pero sus miradas curiosas siguen intactas.

"Lo que ellos me han dicho que entienden por normalidad es 'volver a tener mi salón', 'jugar en mi área de juegos'. Por eso, aunamos esfuerzos con distintas agencias para que, al menos, una parte remediativa inmediata sea conseguirles lo que son los toboganes y las casitas de madera que tenían para que vuelvan a jugar en ese espacio donde ellos crean y fantasean", explica Joel Omar Torres Cepeda, trabajador social de la institución.

Sin embargo aclara que, aunque pequeños, los estudiantes "viven bien atemperados, son personitas inteligentes y cada uno cuenta una historia particular y diferente de los eventos atmosféricos que pasamos". Hay casos más difíciles que otros "pero estamos aquí, son resilientes y estamos saliendo" aseguró Torres Cepeda, quien les impartió un taller antes y después de la llegada del ciclón para anticiparles la vivencia.

"Hemos hecho nuestra parte para que no se sientan desolados, que sientan que pueden contar con nosotros y que estamos aquí para ayudarles", indica sobre los alumnos que disponen de desayuno, merienda y almuerzo en el centro educativo que al momento cuenta con agua y utiliza un generador eléctrico.

Merian Ereaux tiene 22 niños entre las edades de 2 a 6 años en su aula Casa de niños. Afirma que los niños pudieron desahogarse sobre las situaciones vividas en el hogar durante el huracán. "Algunos todavía tenían un poco de temor, expresaron que pensaron que iban a morir, pero ahora están contentos. A ellos les da seguridad la familia, la protección de los padres o encargados y la confianza que desarrollan hacia los adultos y en sí mismos. Tratamos de que sean independientes y que tengan autocontrol porque son los adultos del mañana. Estas situaciones fortalecen porque reforzamos su autoestima", aseveró la maestra.

En fila india, su grupo de 17 estudiantes (de 22 que suelen ser) está listo para ir al patio. "Lo más que nos gusta es trabajar y estudiar", dicen varios a coro. "¡Y jugar!", confiesa otro.

Esa candidez emocionó al Papa Francisco, quien mediante una videoconferencia habló con los estudiantes para alentarlos en los momentos que vive la isla. La niña Ariadna Pizarro, de cinco años, olvidó el libreto y le preguntó al Sumo Pontífice cuándo visitaría Puerto Rico. Las cámaras de Telemundo recogieron el momento en que Francisco le contestó jocoso que un día la complacerá.

"Fue algo extraordinario, muy emocionante. La nena lo hizo reír con su pregunta espontánea, fue algo sorpresivo para él que quizás esperaba recibir otro tipo de mensaje. Fue algo bien bonito", opina Sor Cecilia quien agrega que el momento ofrece sus lecciones.

"La luz brilla en cada ser humano, somos nosotros los que tenemos que dar chispa al momento por doloroso y penoso que sea. Queremos que los nenes vean que hay esperanza, que vale la pena", acaba la directora del centro.

 

Fotos: Javier del Valle

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