“Nosotros damos la esperanza”

Cómo entender y mejorar el vínculo con estudiantes, sus padres, sus comunidades y en sus vidas personales fue el tema central de los talleres sobre resiliencia que ALCANZA brindó a maestros en la zona central de Puerto Rico.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Equipo de trabajo del programa ALCANZA. Sentadas desde la izquierda: María Agrinsoni, Annette López de Méndez, Germie
Corujo y Wanda Figueroa Fuentes. De pie, colaboradores de los recintos de Cayey y Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

Resiliencia significa resistir y rehacerse, ser persistente, positivos y optimistas, y así fue resaltado este concepto a lo largo de cuatro sábados. Y, también, así fue absorbido, no solo por las maestras y maestros con miras a ponerlo en práctica en el salón de clases, sino que descubrieron que es vital incorporarlo en sus vidas y en las de sus comunidades.

 “¿A qué estamos llamados?”, preguntó Annette López de Méndez en el cierre del ciclo de talleres que la organización que dirige, ALCANZA, ofreció en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Cayey, a maestros preescolares de la zona central del país, seriamente afectada tras el paso del huracán María.

“¡A ser resilientes!”, contestaron a coro 157 entusiasmados maestros de pueblos como Aguas Buenas, Utuado, Salinas, Aibonito, Ponce, Comerío, Guaynabo, Ciales, Guayama, Manatí, Barranquitas, Cayey, San Juan, Juana Díaz, Patillas, Jayuya, Juncos, Santa Isabel, Naguabo, San Lorenzo y Caguas, entre otros.

“Vamos a pasarle la batuta a los niños que van a reconstruir a Puerto Rico”, invitó López de Méndez y agregó luego, “que los niños sean los que digan al mundo qué puede cambiar”.

Sesiones plenarias en la mañana eran seguidas en la tarde por talleres activos para poner en práctica los conceptos aprendidos cada sábado. Fungieron como talleristas las profesoras María Agrinsoni, Germie Corujo Martínez y Wanda Figueroa Fuentes, integrantes del Proyecto ALCANZA, adscrito al Centro de Investigaciones Educativas (CIE) de la Facultad de Educación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPR-RP), y una de los programas que integra la Iniciativa Preescolar de la Fundación Ángel Ramos.

“A mí me ayudó a ser más proactiva en ayudar a las familias, en ayudar a mis nenes a echar pa’ lante”, dijo a la salida Zulma Sánchez de Salinas.

“El taller fue excelente, me ayuda a bregar mucho más con mis nenes que han pasado por esta situación y a ser más asertiva con ellos”, dijo su colega María Ramírez, de Salinas.

“Puedo entender y ver claro ahora muchas situaciones que ocurren en la sala de clases que uno no se enfoca y cuando uno viene aquí dice ‘wao, por eso era’. Uno puede cambiar la mirada”, mención, de otra parte, Ramonita Cintrón Cabrera, educadora en un centro en Barranquitas.

Julio Rodríguez, evaluador de la actividad, señaló que entre las opiniones recopiladas con los asistentes predominó la satisfacción y el nivel que dominó fue el 4 en una escala de 5.  “Me han expresado que los talleres han tenido este aspecto práctico de poder adaptar inmediatamente actividades en su sala de clases y ambientes, y les ha ayudado en situaciones personales. Así que, han tenido ganancias en sus vidas”, indica Rodríguez.

La concienciación del concepto resiliencia fue el gran logro de la jornada, a juicio de la profesora María de los Ángeles Agrinsoni, tallerista de ALCANZA.

“Estaban muy receptivos, sobre todo a reflexionar sobre lo que les ocurrió, para empezar a entender el proceso de resiliencia”, afirma Agrinsoni y agrega que los asistentes tenían buen ánimo y querían aprovechar cualquier conocimiento. “Eso vale y ayuda mucho”.

“Se sentían maestros muy distintos reflexionando desde la parte que tiene que ver con sus sentimientos y la parte de su conocimiento de todos los días con los niños. Además, fue un proceso de validar que la resiliencia es posible, que yo puedo seguirme desarrollando, que mis capacidades y la de los niños son maravillosas. De eso se trata, la resiliencia es un proceso colectivo, está en ti y has descubierto que en los niños está porque es un engranaje colectivo. Poder entender a ese ser humano igual que yo, cómo piensa y siente, mira qué cosa más maravillosa”, puntualiza Agrinsoni.

Pero la resiliencia no solo debe aprovecharse en épocas de crisis, es una herramienta diaria y Agrinsoni menciona que así se comprendió. “Una vez hablábamos de cuántos intentos hacen los niños al hacer cosas. Por ejemplo, una torre, ok la hizo, pero ahora lo ven de otra forma. ¿Cuánto esfuerzo hizo ese niño para hacer esa torre y que no se le cayeran los bloques? Ya pueden verse como seres humanos resilientes en el día a día”, pone como ejemplo la tallerista.

EL FRUTO DE LA EMPATÍA


Belinda Colón e Ileana Díaz.

Ileana Colón, del Centro Menonita de Aibonito, muestra fotos en su celular de cómo integró en distintas áreas del salón de clases carteles de valores obtenidos en talleres previos con ALCANZA, y el impacto que han tenido, junto a otras actividades recomendadas en módulos, en los niños y sus familias. “He tomado anteriormente talleres con ALCANZA y desde allá yo he sido más atenta a la familia”, dice la joven, “al tener más empatía con la familia, la familia muestra más cariño y eso es bien positivo para los nenes”.

Belinda Díaz, del Centro Lucero en Caguas, ha tomado talleres desde el 2012. “Me encantan un montón, ha cambiado mucho ese tú a tú con los padres que antes era ‘sí, firma aquí’ y ahora es ‘papá, cómo estás, cómo pasaron la noche’. Eso tiene un resultado positivo porque me ayuda a saber cómo voy a tener al niño en el salón durante el día”, indica la maestra.

“Esta es una profesión que requiere que nosotros seamos reflexivos, no podemos seguir haciendo las cosas por uso y costumbre, tenemos que ver que nuestros niños tienen otras necesidades, las situaciones van cambiando y tú tienes que reflexionar sobre eso y qué cosas quieres hacer con respecto a eso”.

Por su parte, la profesora Figueroa Fuentes, reconoció la disposición de sus colegas maestros durante el ciclo de talleres. “Voluntariamente tienen esa motivación intrínseca para hacer un cambio, para mirarse hacia adentro y evaluar sus prácticas educativas y lo están haciendo por el país. Porque lo están haciendo por los niños, pero es para el país y eso a nosotros nos llena un montón. Estamos impactando, eso es lo que necesita Puerto Rico”, celebró la tallerista.

El efecto multiplicador del conocimiento propuesto por ALCANZA contempla impactar a maestros, a los niños, a sus familias y, por ende, al país. La profesora Germie Corujo, tallerista, resaltó el compromiso que tienen con la educación de los niños, puesto que se centra en la creencia de sus espléndidas capacidades. “Ellos son nuestra esperanza, definitivamente es un punto de partida”.


La profesora María Agrinsoni durante la charla final del taller.

“Esta es una profesión que requiere que nosotros seamos reflexivos, no podemos seguir haciendo las cosas por uso y costumbre, tenemos que ver que nuestros niños tienen otras necesidades, las situaciones van cambiando y tú tienes que reflexionar sobre eso y qué cosas quieres hacer con respecto a eso”, opinó Corujo.

Además, aplaudió al compromiso de los maestros que asistieron, aún con las secuelas personales del huracán María. “En muchas ocasiones no valoramos el aporte que tiene un maestro, muchas veces ha habido una connotación negativa, pero esta es la mejor profesión del mundo porque nosotros damos la esperanza”, agregó Corujo.

MOTORES ENCENDIDOS

Para la directora de ALCANZA, cada vez más los maestros de preescolar entienden que “somos maestros de niños, de familias y de comunidad”. “Somos un motor importante en una comunidad”, insiste la profesora López de Méndez.

“Para nosotros fue un disloque grande ver cómo se relegaba la ayuda a los maestros a un segundo plano y eso es fuerte por el potencial que tienen los maestros de transformar un país y llevar un mensaje”, menciona sobre las semanas post ciclón.

“Y la idea nuestra aquí se plasmó concretamente: para transformar un país tienes que darles oportunidades a los pequeños, a los niños, a los jóvenes porque ellos son el futuro. Así que, los adultos tenemos que prepararnos para ser buenos modelos para ellos y los maestros se entrenan para eso. Ellas vienen dispuestas y abiertas a aprender y no tienen temor de preguntar ‘¿qué es eso de resiliencia, por qué hablar de eso?’ y rápidamente se apoderaron del concepto porque lo entendieron y porque lo estamos viviendo día a día”.

“Lo importante ahora es cómo mantenemos este empuje, pero ellas siguen…”, culmina confiada la directora, aludiendo a las maestras en los centros preescolares que posibilitan que esta isla no solo se levante, sino que sus alumnos lleguen a ser las mejores versiones posibles de un puertorriqueño o puertorriqueña.

 

Fotos: Javier del Valle

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