Así se forma un humanista

Carmen T. Ruiz de Fischler conversa sobre su formación y trayectoria profesional en ocasión de su distinción como Humanista del Año 2017 que otorga la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Este museo regional, ubicado en la Universidad del Turabo en Gurabo, que ahora dirige Carmen T. Ruiz de Fischler, sirve a escuelas, maestros y residentes de pueblos vecinos. Foto / Javier del Valle

Carmen T. Ruiz de Fischler está dispuesta a andar de nuevo el camino. Aunque sea solo en recuerdos. Rememorar esas “casualidades” que la llevaron a tomar decisiones, a entrelazar oportunidades y conocimientos hasta construir una carrera que hace poco fue distinguida con el Premio Humanista del Año 2017 que otorga la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

“Me tomó por sorpresa, no pensaba que merecía tal distinción, porque había asistido a muchos de los humanistas que habían sido seleccionados (antes) -que conocía de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras donde estudié y luego enseñé- y los admiraba tanto; consideraba que eso era allá como un Olimpo de los grandes dioses. Jamás pensé que iba a recibir esa distinción”, acepta sonriente y con el sereno modo de hablar que la caracteriza, sentada en un salón de conferencias en el edificio que alberga el Museo y Centro de Estudios Humanísticos Josefina Camacho de la Nuez que hace ocho años dirige.

Mientras reflexiona un poco más sobre la selección, opina en torno al modo en que ha construido su carrera. “Es interesante que en la vida parece que uno la vive y toma unas decisiones por casualidad, pero cuando uno mira para atrás todas van enlazándose, ayudando a que tú puedas narrar tu vida, o por lo menos en mi caso, de una forma que me da gran satisfacción. En el mensaje que di, lo que hice fue contar cómo esta humanista se fue formando”, declara sobre la noche en que se le otorgó el premio en el Museo de Arte de Puerto Rico.

Porque todo tiene un principio y, en su caso, fue en la adolescencia cuando la profesora Maricusa Ornés le sacudió la timidez al mostrarle la magia del escenario teatral y de la declamación. “Yo era una niña bien tímida, jamás mi familia pensaba que yo iba a estar en un escenario recitando. Por eso el teatro y las artes son tan importantes en esa pre adolescencia y adolescencia en que se están formando las personalidades”, enfatiza la santurcina.


La entrega de la distinción "Humanista del año 2017" tuvo lugar en
el Museo de Arte de Puerto Rico. Foto / Twitter@MuseoUT

Su mamá, supervisora del Programa de Ciencias del Departamento de Instrucción, la llevaba en sus viajes de trabajo y a los 15 años fue a España y a Italia, vivencias que la marcaron como hicieron luego las travesías de estudio en la época universitaria. La historia del arte se le presentó como un campo de estudio.

Entonces llegaron los sesenta y su ingreso a la Universidad de Puerto Rico (UPR), recinto de Río Piedras. “Era la Universidad de don Jaime Benítez, la casa de estudios, tuve maestros excepcionales en las Humanidades”, dice y menciona a Sebastián González García, Ethel Rodríguez de Betancourt, Miguel de Ferdinandi, Margot Arce de Vázquez, “y también eran igual (de excelentes) mis colegas cuando regreso a enseñar allí”.

Desde el Instituto de Cultura Puertorriqueña, y bajo el amparo de su fundador Ricardo Alegría, se formó el grupo de Poesía Coreada, creado por Maricusa Ornés, y a él perteneció Ruiz de Fischler por una década. Ese fue su primer encuentro con una institución que luego la atrajo con la celebración de bienales de arte latinoamericano y que más tarde dirigiría. Con los setenta llegaron las revueltas universitarias y todo el ambiente cultural que estas proponían, a esto se sumaba la oferta musical del Festival Casals. Todo abonó a su formación.

“El tiempo se ha ido muy rápido, ¡cuarentipico de años! No puede ser, parece que fue ayer”, cuenta entre risas.

Los estudios hispánicos fueron su interés primero en el bachillerato que concluyó en la UPR. Ya en la maestría se trasladó a la Universidad del Estado de Florida, donde investigó en torno al arte puertorriqueño motivada por participar en un programa de estudios que la llevó a vivir seis meses en Florencia, donde conoció a su esposo, el estadounidense Charlie Fischler, también profesor universitario de matemáticas. Indagó sobre el arte español del Renacimiento y su relación con el boricua en sus estudios doctorales en la misma universidad, los que concluyó diez años después de su maestría.

 “La vida uno la va hilvanando. No es como ahora que los jóvenes van rápido de la maestría al doctorado, yo no, yo tuve que irme a enseñar. Porque preparando esas diapositivas y esos carruseles, amaneciéndose uno, enseñando sobre la historia del arte uno va afianzado ese conocimiento. Cuando fui a mis estudios doctorales ya yo tenía mis conocimientos del arte universal más maduros”, menciona.

Con sus niños Carlos y Walter en el panorama, Ruiz de Fischler volvió a enseñar a la UPR en el 1983. Entonces recibe la invitación de dirigir el Instituto de Cultura Puertorriqueña en el último año de gobernación de Carlos Romero Barceló. Sustituiría el tumultuoso paso de Leticia del Rosario por la institución. 

“Fue una etapa difícil. Lo primero que hice fue ir a visitar a don Ricardo (Alegría) y decirle ‘vengo a ayudar a estabilizar el Instituto’. Fue una experiencia bien importante porque sales del salón de clases a administrar”, destaca sobre esa nueva etapa que duró once meses y que considera “un fogueo tremendo”, con relación al manejo de colecciones del ICP junto a consultores de alto nivel.

“Vas cogiendo el pie de lo que significa trabajar con colecciones. Los que pasamos de historia del arte a bregar con colecciones debemos pasar por esta oportunidad”, añade.

Y LLEGA A LOS MUSEOS

Ruiz de Fischler acaba la disertación doctoral en el 1989 y retorna a la docencia en la UPR, donde comenzó a dirigir el Departamento de Bellas Artes. Llega entonces la oportunidad de dirigir el Museo de Arte de Ponce en el 1991. Estuvo 9 años en ese puesto. “Me siento privilegiadísima de haber trabajado con don Luis (A. Ferré), con el Dr. (René) Taylor, con Rosario (Ferré) que estaba muy involucrada y luego con el pase generacional llegó María Luisa. Fue una experiencia maravillosa”, describe.

“Siempre he tratado de ser conciliatoria, llegar a los sitios, ver qué hay, qué se puede mejorar, pero qué hay que se puede conservar. Lo que me dio el campo de los museos, sobre todo cuando dejo la cátedra, es que no había entrado en contacto con los objetos en sí, había sido todo de libros, y tienes que estar en un museo con las piezas, con los conservadores y su conocimiento de las obras, con los curadores. Y, además, uno descubre el área del coleccionismo. Mi vida se dividió en 14 años en la academia y 20 años en los museos que llevo hasta ahora; una cosa se va entrelazando con la otra”, afirma.

Porque no fue solo el Museo de Arte de Ponce el que estuvo a su cargo. Ruiz de Fischler dirigió el Museo de Arte de Puerto Rico entre el 2000 y el 2005. “Adlín (Ríos) capitaneó ese proyecto, fue la gran Quijote”, menciona sobre una oportunidad que asegura “marcó mi vida”. 

“He tenido una oportunidad bellísima de trabajar en un museo regional. Lo que me dieron el Museo de Arte de Ponce y el Museo de Arte de Puerto Rico fue la experiencia de crear equipos con especialistas y eso hicimos aquí. Y son las humanidades las que te hacen posible llegar a estas negociaciones”.

Si en Ponce le dio continuidad a un trabajo y encaminó esfuerzos de apertura con la comunidad, en el museo nacional santurcino debía empezar de cero. “Tuve que renunciar a la Universidad porque ya no podía tener más licencias”, lamenta, “pero no me arrepiento. Lo vi como un reto tremendo. ¿Cuántas veces uno tiene la oportunidad de empezar algo?”.

En el 2008 Ruiz de Fischler trabajó la plataforma cultural del entonces candidato a la gobernación por el Partido Nuevo Progresista, Luis Fortuño, y tras su victoria se le encomendó la dirección del Instituto de Cultura Puertorriqueña en el 2009. Entonces el tumulto en la agencia lo causaba la crisis fiscal del país. La institución no se libró de la receta de “medicina amarga” impuesta por el gobierno para atajar los percances fiscales. La nueva directora tuvo que despedir empleados y negociar para salvar los puestos de los especialistas. “Fue una realidad demasiado apabullante para mí”, confesó sobre la experiencia de un año.

Tras la muerte del director Juan Pastoriza, llegó en el 2010 al Museo y Centro de Estudios Humanísticos Josefina Camacho de la Nuez en la Universidad del Turabo. Reclutada por el rector Denis Alicea, se ha hecho cargo del museo que sirve a los pueblos vecinos, a sus estudiantes, escuelas y residentes.

“He tenido una oportunidad bellísima de trabajar en un museo regional. Lo que me dieron el Museo de Arte de Ponce y el Museo de Arte de Puerto Rico fue la experiencia de crear equipos con especialistas y eso hicimos aquí. Y son las humanidades las que te hacen posible llegar a estas negociaciones. Aquí tenemos un equipo maravilloso”, asegura Ruiz de Fischler.

Si bien el entorno económico está dificultando el panorama de toda la isla y de sus museos, a Ruiz de Fischler le complace la cantidad de profesionales de primer orden en áreas específicas de la museología con los que cuenta el país.

“La verdad es que, en ese sentido, los museos están en una etapa esplendorosa”, celebra para culminar la charla.

 

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