La Liga da la liga: 50 años de arte

La institución cultural Liga de Estudiantes de Arte de San Juan surgió por un movimiento comunitario y así se ha mantenido por cinco décadas. Este año lo celebran.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

Dos grandes ventanas permiten echar un vistazo desde la calle Francisco Rufino de Goenaga a la acción en los salones. Por estas entra la brisa de la tarde y también se cuela el ruido de risas, de pasos y de bocinazos. Adentro, en la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan, el ritmo es otro. Adultos dan pinceladas en sus lienzos a medio terminar bajo la atenta mirada de la profesora Betsy Padín, niños manosean el barro y otros se alistan a salir con el profesor Luis Maisonet a merodear por el vecindario, el Viejo San Juan, en busca de inspiración. La Plaza del Quinto Centenario, cuya construcción atestiguaron y sobrevivieron, es su vecina de enfrente.


Betsy Padín ha sido uno de los pilares de este proyecto cultural en el que
ha participado como alumna fundadora, profesora e integrante de su
junta directiva. Aún ofrece clases.

Es junio del año 2018, mes en que la institución de arte conmemora oficialmente la celebración de su 50 aniversario. Ya inició la fiesta con la presentación del documental “50 años forjando generaciones de artistas”, a cargo de la cineasta Sonia Fritz y sus alumnos de la Universidad del Sagrado Corazón. Pero en el día a día, la mejor manera de festejar el aniversario es mantener vivo el privilegio de la enseñanza del arte en sus diversas manifestaciones. El distintivo de la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan, desde el primer día, es que sus cursos se imparten en formato de talleres libres. No se ciñen a currículos, no requieren conocimientos especializados y en un mismo salón aprenden los que conocen algo de Arte y los que no saben nada.

La profesora Betsy Padín, vinculada a la institución desde su fundación, ofrece una clase semanal de Pintura que dura cuatro horas.  “Esta es una institución que entró y que se hizo por el esfuerzo de la comunidad”, rememora la veterana artista.


Marilú Carrasquillo, directora ejecutiva de la Liga de Estudiantes
de Arte de San Juan.

La versión de su génesis se repite. La estadounidense Leah Cohen citó a través de las ondas radiales a los interesados en reunirse para tomar clases de Dibujo y Pintura. Artistas profesionales les enseñarían. Aparecieron interesados y, en el 1967, comenzaron a encontrarse en espacios como el Colegio Robinson en Condado, hasta que les prestaron “una casita”, que ocupaba el lugar del tótem en la actual Plaza del Quinto Centenario, en los terrenos del Fuerte Brooke.

Al año siguiente, 1968, a instancias de Cohen se incorporaron oficialmente ante el Departamento de Estado de Puerto Rico, tomando como modelo la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York. En el 1977 recibieron el espacio que al día de hoy ocupan y que comparten con la Escuela de Artes Plásticas: el Hospital de Nuestra Señora de La Concepción El Grande.

Se instalaron en una extensión de dicha estructura creada en el 1861, la cual cuenta con doble patio interior y que en el 1972 ingresó al Registro Nacional de Lugares Históricos.

“La Liga es el único sitio que tenía clases libres, no es un currículo. La idea es que cojas los mejores artistas del país y con esos artistas puedes coger las clases que quieras. Eso es único. Hay muchas entidades en Puerto Rico que después copiaron ese plan de clases”, explicó Padín sobre el esquema que permitió a artistas como Myrna Baez, Antonio Martorell, Susana Espinosa, Jaime Suárez, Zilia Sánchez, Luis Maisonet, Consuelo Gotay o Alina Luciano, entre muchos otros, impartir clases allí.


Aunque se fundó en el año 1969, la institución ocupó su sede actual
frente a la Plaza del Quinto Centenario en el 1977. Se trata de un anexo
del Hospital de Nuestra Señora de la Concepción El Grande, edificación
que data del 1861.

Distintos niveles de conocimiento en un mismo salón producen, en opinión de la artista, “una dinámica tan bonita”. Ahora en el salón tiene dos estudiantes que nunca han tomado una clase de Arte y otros que llevan años siguiendo sus clases. “Estoy bien pendiente de sus necesidades, por dónde quieren ir y yo los guío”, señala y relata que desde el 1985 comenzaron a ofrecer una clase dirigida a crear un portafolio y todos esos estudiantes que la tomaron “se fueron a Estados Unidos, se graduaron, y otros regresaron y son profesores de la Liga”.

 

“Como dijo el filósofo americano Noam Chomsky, no hay nada que cree más energía que tener un grupo de personas creando a la vez. Eso es lo que pasa en la Liga”, dice Padín quien compartió créditos como fundadora de la institución con Delta de Picó y Norman Hopgood, entre otros entusiastas del arte, además de haber sido estudiante e integrante de la Junta de Directores.

 

“Yo a la Liga le deseo que siga otros 50 ó 100 (años) más porque la verdad ha sido una labor única; empezó por la comunidad, sigue siendo de la comunidad y ha sido para mí una experiencia única. Llevo 50 años en distintas capacidades y realmente yo no puedo separar mi vida profesional del desempeño de la Liga, ha sido paso a paso”, dice Padín.

CÓMO PINTA EL FUTURO


Dibujo, pintura, cerámica, acuarela, mosaico, orfebrería y talla de santos,
entre otras materias, se ofrecen en sesiones de nueve clases.

Sobre 2,500 socios tiene la institución que ofrece cursos de dibujo, pintura, cerámica, grabado, acuarela, fotografía, caricatura, vitrales, mosaicos, talla de santos y orfebrería, entre otros. Cuentan con una facultad que oscila entre los 30 maestros y atienden un promedio de 400 estudiantes a lo largo de cinco sesiones de nueve clases.

Marilú Carrasquillo lleva año y medio a frente de la institución. Destaca que la “riqueza intergeneracional” de los alumnos es “uno de los atractivos de la Liga”, además de sus talleres de trabajo libre. “Hay distintos ofrecimientos para distintos niveles de crecimiento e, incluso, hay talleres en los que los profesores se adaptan a los distintos niveles de conocimiento que tienen sus estudiantes”, dice la directora.

Mantener cinco décadas una institución cultural en la isla ha requerido organización, tesón, compromiso y voluntad. “Somos una institución prácticamente auto gestionable”, afirma la directora, ya que su presupuesto principal parte de los recaudos de matrículas y membresías de socios.

En algunas épocas han recibidos fondos gubernamentales o de fundaciones locales y estadounidenses, pero no ha sido de modo consistente. La Liga ha creado alianzas con instituciones privadas como es el caso de Caribe Credit Federal Union, cooperativa cuyos socios pagan, desde el 2006, la membresía a la institución cultural lo que se convierte en “un ingreso importante”. Cuentan además con un Programa de Becas.

“… a partir de enero las cosas empezaron a mejorar, no están del todo como antes de María y antes de la crisis (económica), porque también tenemos que reconocer que estaba afectando nuestros números de matrícula, pero están mejorando”.

“Nosotros dependemos de nuestros ingresos. Yo creo que es un modelo para otras instituciones de que se pueden hacer cosas auto gestionadas”, comenta sentada junto a una de las famosas ventanas de la Liga. “Entendemos que el arte es una fuente de ayuda para el desarrollo de los niños, de personas con limitaciones, para estudiantes, para profesionales. Yo creo que la Liga se tiene que sentir muy orgullosa de estos cincuenta años”, declaró y agradeció el compromiso constante de la Junta de directores y de los profesores.

Un mes después del paso del huracán María, abrieron las puertas de la institución. Enfrentaron la falta de electricidad, contar con agua potable intermitente y la merma en matrícula, lo que trastocó sus finanzas. “Pero a partir de enero las cosas empezaron a mejorar, no están del todo como antes de María y antes de la crisis (económica), porque también tenemos que reconocer que estaba afectando nuestros números de matrícula, pero están mejorando. Ahora lo que queremos hacer es seguir dando a conocer la Liga en este aniversario, que la gente sepa que la Liga existe, que es un ofrecimiento valioso”, propone Carrasquillo.

LA CHISPA INFANTIL


Estudiantes del programa de verano que lleva a cabo
anualmente la institución.

Si atraviesas el patio interior y subes las escaleras, llegas al salón del profesor Luis Maisonet. Niños y niñas rodean sus mesas de trabajo como parte del Taller de verano. Mentes curiosas y espíritus desbordantes de energía aguardan sus instrucciones.

“Para mí esto es como un retroalimento”, acepta el profesor. “Primero que me acuerda cuando los nenes míos eran chiquititos, soy como un abuelo para ellos, son bien cariñosos, te abrazan, (te dicen) ‘maestro, te quiero mucho’, es un recargar de energía. Yo vengo y me lo disfruto un montón”.

La Liga de Estudiantes de Arte recibe alumnos desde los 4 años de edad. Maisonet asegura que “los niños son creativos por naturaleza” y considera que “son artistas natos”. “Yo les doy la libertad para que se expresen, les mandé un proyecto de hacer unos banderines y ellos se sentaron cada grupito a discutir el concepto que van a hacer. Los niños saben más de lo que uno imagina y el arte les abre una serie de ventanas y puertas por ahí, por ese mundo que es su mundo fantasioso. Su vida, lo que sienten, lo plasman ahí en esos papeles”, asegura Maisonet quien se precia de haber visto crecer la Liga como profesor. “Para mí ha sido una experiencia única”, dice luego de desearle “50 años más” a la institución.

En otro salón, Jean Carlos “Tukis” Jiménez García, trabaja con los pequeñines entre cuatro y seis años. Le encanta la experiencia de guiarlos a un mundo de colores primarios y figuras geométricas trabajando destrezas de motor fino. Tukis fue estudiante de la Liga entre el 2004 y el 2007.

“Es increíble porque en un sistema educativo de un país donde primero recortan por las bellas artes y el deporte, esta es una escuela desde preescolar hasta adultos donde pueden venir a estudiarlo (el Arte) sin experiencia; es un refugio de ese sistema educativo que te recorta esas actividades. Yo a la Liga le deseo muchos años más y que sigamos creciendo más, que podamos llegar a más comunidades y a más lugares”, propone el joven profesor.

Lo bueno, se replica.

 

Fotos y vídeo: Javier del Valle

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