“Sordo y oyente: somos el poder”

La comunidad sorda de Puerto Rico culminó la celebración del mes de septiembre, en el que se conciencia sobre sus particularidades y necesidades, con la 17ma. edición de su marcha anual.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

“¡Te quiero!” “¡Te quiero!”. Con sus manos en alto –puños cerrados, dedos pulgar, índice y meñique arriba- los participantes de la 17ma Marcha de Concienciación de la Comunidad Sorda, gritaban sus sentimientos a las personas que desde sus carros y desde establecimientos les saludaban en señal de apoyo. El pasado sábado en la mañana, partieron del estacionamiento del Estadio Hiram Bithorn en Río Piedras para desfilar por la Avenida Roosevelt hasta llegar al Colegio San Gabriel para Sordos ubicado en Puerto Nuevo.


Edgardo Figueroa, presidente del Movimiento Autónomo de Sordos.

Con este acto que celebran cada año como cierre de septiembre, Mes de la Concienciación de la comunidad Sorda, buscan visibilizar sus integrantes y atraer la atención a los asuntos que, de atenderse, podrían mejorar su calidad de vida.

Sobre 800 personas asistieron a la marcha según estimó Mariel Negrón, coordinadora del evento y enlace entre el colegio y las principales organizaciones que atienden a la población como Servicios Orientados al Sordo o Movimiento Autónomo de Sordos (MAS), entre otras.


Rosali López, directora ejecutiva Colegio San Gabriel para Sordos.

A su arribo a los predios del Colegio San Gabriel para Sordos, los caminantes fueron recibidos por la plena de TamBoricua. Luego, se dirigieron al auditorio para la celebración de un acto protocolar que contó con la participación de la Hermana Carmen Ferrandi, directora general de dicha escuela; José Beltrán, líder de Servicios Orientados al Sordo; Rosali López, nueva directora de la institución educativa; Edgardo Figueroa, presidente de Movimiento Autónomo de Sordos; y el Coro del Colegio San Gabriel para Sordos. En el patio transcurrió una feria de salud y venta de artesanías como parte de la actividad que anualmente se convierte en el punto de encuentro de la población sorda de la isla.

“Yo estoy muy satisfecha con el apoyo recibido”, dijo Negrón a Oenegé. “Hubiéramos querido que más prensa y más representantes gubernamentales estuvieran pendientes, pero vi mucho apoyo de la comunidad en general; universidades, profesionales, compañías a las que le pedimos apoyo dijeron presente. En esa part,e nos queda mucho por hacer, nos falta llegar a esos sectores que no nos han escuchado. Espero llegue el momento en que no haya que hacer una marcha para que nos reconozcan si no que estemos en celebración porque las barreras hayan sido superadas”.

Durante el saludo e invocación del acto protocolar, la Hermana Carmen Ferrandi destacó que “aunque somos muchos, somos uno porque estamos unidos”. “Ya no somos sordos y oyentes, somos hermanos en Jesús”, insistió.

Por su parte, José Beltrán, quien fungió como maestro de ceremonias, resaltó que “son 17 años corridos de una marcha espectacular en apoyo a la comunidad sorda y son muchas las organizaciones representadas”.

“Gracias por estar aquí, gracias a los estudiantes de los diferentes cursos de lenguaje de señas de diferentes partes de la isla, a la comunidad sorda, a los padres, maestros y aquellos que tienen familiares y/o amigos. Gracias por decir presente. Se trata de que todos somos aliados y aliado significa que estamos al lado uno del otro, que estamos en apoyo incondicional para lo que se necesite, de eso se trata hoy, de una comunidad compuesta de personas sordas y de muchos aliados que ocurre que son oyentes”, añadió Beltrán.

Además de las organizaciones, apoyaron el evento con trabajo y asistencia estudiantes de la Universidad de Puerto Rico y sus recintos en Río Piedras, Mayagüez, Ponce, Arecibo y del Recinto de Ciencias Médicas. También, participaron alumnos y maestros de Caguas, de Coamo, de la Universidad del Turabo y de la Pastoral de Sordos Católicos. Asistieron de igual modo el legislador Miguel Laureano; el Sub secretario de Educación especial, Eliezer Ramos; y Janet Collazo, directora de la Oficina de Personas con Impedimento.

Por su parte, la nueva directora ejecutiva del Colegio San Gabriel para Sordos, Rosali López, resaltó la trayectoria consistente de la institución educativa que cumple 114 años de fundada. Aludiendo al libro “El grito manso”, del educador brasileño Paulo Freire, López recordó que “todos estamos llamados a transformar”. “Y yo veo en la mañana de hoy que este es el comienzo de una transformación”, aseguró.

“Dirán ‘es otra marcha más’ pero no, este es el comienzo de un largo camino donde todos estamos llamados y somos llamados a trabajar a favor de derechos humanos educativos de nuestros niños, estudiantes y de la población en general tanto la oyente como la sorda. Nuestros estudiantes son nuestro futuro”, dijo para añadir poco después que eventos de esta naturaleza solidifican la empatía.

Levantando un puño cerrado al aire, siguiendo una seña aprendida de una maestra, resaltó que era un símbolo de poder. “Sordo y oyente: somos el poder. El poder continúa”, resaltó.

SIN DIVISIONES

En un aparte con Oenegé, el presidente de MAS, Edgardo Figueroa, señaló con respecto a la reacción del público a lo largo de la marcha que “tenemos que estar integrados y respetarnos unos a otros, respetar la comunidad oyente y la calidad de vida de comunidad sorda”.

 “Aquí en Puerto Rico nosotros nos hemos sentido echados a un lado, pero con el apoyo de las personas que aprenden lenguaje de señas y de algunos oyentes, sentimos que poco a poco vamos progresando. Nosotros tenemos nuestra propia cultura, nuestro lenguaje de señas que es de aquí y tiene que ser apoyado para que siga creciendo y desarrollándose para que los oyentes puedan abrir su perspectiva, su forma de pensar y los sordos puedan aceptarlo”, propuso sobre el lenguaje con toque boricua.

“Nos sentimos orgullosos que la gente vea que estamos aquí, somos humanos como todos, tenemos la misma dignidad y todos nos debemos respetar unos a otros. Estamos bien orgullosos”, celebró Figueroa.

Según datos recopilados en el año 2000, la comunidad sorda local está integrada por entre 135,000 y 185,000 personas. Sin embargo, no solo los datos son antiguos, sino que son imprecisos e inexactos.

“Esa es la cifra que se utiliza. Es un asunto neurálgico que se ha estudiado muy poco, se ha identificado muy por encima y la forma en que se recopila esa información no es muy certera. No sabemos cómo se identificó a las personas en los censos, a veces los entrevistadores no saben lenguaje de señas o la escolaridad del sordo no ayuda así que sabemos que se pudo haber quedado una población amplia sin contar”, explicó la coordinadora de la marcha, Marieli Negrón.

Aunque el sábado, en esa mañana soleada y calurosa, la comunidad sorda no fue invisible.

Fotos: Javier del Valle

 

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