Premio Tina Hills 2018: Museo de Arte Contemporáneo

Brindaron agua, comida y arte en su vecindario santurcino para sobrevivir durante la emergencia. Con la directora del Museo de Arte Contemporáneo, Marianne Ramírez Aponte, conversamos en torno a los proyectos que los llevaron a ser una de las siete organizaciones merecedores del Premio Tina Hills, edición especial 2018

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

El hambre en sus distintas manifestaciones atacó los días posteriores al huracán María. El Museo de Arte Contemporáneo (MAC) en Santurce, con su Programa Comunitario de Emergencia, pudo satisfacer no solo estómagos inquietos sino además mentes curiosas, corazones abatidos y almas cansadas, gracias a la efectiva catarsis que provocaron sus intervenciones artísticas en su sede y en comunidades aledañas. De este modo, se convirtieron en una de las siete organizaciones que recibieron el Premio Tina Hills, edición especial 2018, y su donativo de $50 mil.

“Luego de tomar las medidas para salvar el patrimonio que el museo custodia, de inmediato pensamos que teníamos que responder a la comunidad que llevábamos tantos años trabajando con ellos”, recuerda Marianne Ramírez Aponte, directora y curadora jefe del MAC. “A nosotros no nos interesa que nuestra institución sea vista como un espacio elitista donde puedan acudir unos pocos, sino que verdaderamente es un espacio abierto”.


Representación de la organización Museo de Arte Contemporáneo
encabezada por su directora Marianne Ramírez Aponte, al centro, junto
al licenciado Rafael Cortés Dapena, presidente de la Fundación Ángel Ramos
y María Jaunarena, presidenta de la Junta Consultiva del
Premio Tina Hills 2018 (a la extrema izquierda) y de Laura López, directora
ejecutiva de la Fundación Ángel Ramos y Diego Suárez Matienzo, director
del Comité de Desarrollo Organizacional de la Fundación Ángel Ramos
(extrema derecha). Foto / Alberto Bartolomei

Desde que se incorporó en el 1984, el museo se ha dedicado a estudiar, coleccionar, preservar y promover el arte producido desde mediados del siglo XX en Puerto Rico, el Caribe, América Latina y sus respectivas migraciones.

Poco después de la emergencia establecieron servicios dirigidos a ayudar poblaciones afectadas y a contribuir al sustento de la clase artística como el Programa Escolar que sustituyó el horario lectivo para estudiantes de escasos recursos de Santurce y Río Piedras; el Programa de Apoyo Psicosocial y Arte Terapia; y el Programa de Regeneración del Ecosistema Artístico. Además, mediante el Fondo de Emergencia para Artistas, el Museo ofreció asistencia económica y facilitó el rescate y conservación de obras de artistas cuyos talleres de trabajo sufrieron daños graves. Ofrecieron también ayuda en el cumplimiento de solicitudes de FEMA, fungieron como comedor comunitario y como Centro de Acopio.

Con 52 voluntarios, impactaron 14,200 personas y, de paso, ayudaron a regenerar el ecosistema artístico.

“…nosotros hemos visto cómo personas que a lo mejor piensan que su voz no es importante o no es escuchada pues yo creo siempre que el recurso del arte es súper poderoso para visibilizar esos problemas”.

“Fue un momento muy triste y sigue siendo una experiencia bien triste para nuestro país pero, por otro lado, de enseñanzas y experiencias maravillosas. Y yo creo que esa conexión que nosotros hemos logrado con la comunidad se ha ciertamente reafirmado y lo vemos, no solamente en nuestras salidas a las comunidades, sino también cómo esas comunidades vienen al museo y continúan visitándonos para participar de todo lo que el museo tiene para ofrecer”, opina Ramírez.

El museo busca además alentar una mirada abierta al arte del presente desde el contexto puertorriqueño. Entre sus diversos ofrecimientos destacan los programas de equidad cultural como MAC en el Barrio; Enlace MAC: Museo/Escuela que propone la integración curricular; Jóvenes líderes: Acción artística para la comunidad y el programa de Estudios Independientes para universitarios.

Ramírez reconoce que “en los primeros días” de la emergencia pensó que “pocas personas van a estar pensando que este (el arte) es un servicio esencial que hay que respaldar”. “Pero yo creo que no solamente el MAC sino todas las organizaciones culturales y los grupos de artistas que inmediatamente se tiraron a la calle hemos logrado transformar ese discurso. Yo creo que ese es uno de los grandes logros de todo este proceso”, afirmó orgullosa.

La directora de la institución afirma que como país estamos en el proceso de sanar las heridas que dejó la experiencia. “Lo más importante es atreverse a hablar de las cosas y a nombrarlas y a expresar diferencias. Y el trabajo que nosotros estamos haciendo en las comunidades, nosotros hemos visto cómo personas que a lo mejor piensan que su voz no es importante o no es escuchada pues yo creo siempre que el recurso del arte es súper poderoso para visibilizar esos problemas”, señaló.

Por eso insiste en que “ahora que el país necesita muchísima reflexión”, el museo “es ese espacio idóneo para discutir los temas duros”. “Qué mejor espacio que uno que acoge personas de diferentes ideologías, de diferentes pensamientos, qué mejor espacio para determinar cuáles son las mejores metas de desarrollo social para Puerto Rico”, culminó entusiasmada.

 La casa que acoge al arte se ensancha y abarca.

 

Fotos: Alberto Bartolomei




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