Premio Tina Hills 2018: Acueducto Rural Pedro Calixto

Sin agua no hay vida. Lo comprobamos tras el paso de los ciclones Irma y María, y organizaciones como el Acueducto Rural Pedro Calixto se encargaron de recordárnoslo. Conoce una de las siete entidades ganadoras del Premio Tina Hills, edición especial 2018.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

Tres días después del paso del huracán María, las 200 familias que reciben agua del Acueducto Rural Pedro Calixto en Caguas ya disponían del líquido vital. Seis días más tarde, se convirtieron en un oasis que aprovecharon 1,500 personas. Sabio uso de los recursos naturales y de la energía solar, así como prevención de daños, han distinguido la labor de esta organización sin fines de lucro que fue una de las siete resaltadas con el Premio Tina Hills, edición especial 2018, por lo que recibieron un donativo de $50 mil.

“Estábamos preparados para enfrentar lo que se nos avecinaba; nos preparamos antes, durante y después para poder servir”, afirma José Oyola Ríos, director del acueducto ubicado en el Barrio Borinquen, sector Pradera, en Caguas.

“Habíamos mirado las necesidades del acueducto y, al no contar con los recursos, creamos unos modelos colaborativos con algunos lugares de servicio y les dijimos ‘ustedes no van a estar funcionando, no sabemos cómo esto nos va a dejar, yo necesito estas piezas, estos equipos los puedo tener, si los necesito los uso y te los pago’ y así hicimos. Fue un reto porque la Madre Naturaleza dañó algunas áreas, pero en el plan de emergencia estaba que resolvemos y después reparamos como debe ser. Lo importante era dar el servicio y se logró”, agrega Oyola.

El líder narra que el acueducto fue fundado en el 1977 para atender una emergencia y de ahí pasó a fungir como un sistema que le brindaba agua a la comunidad.

“Está diseñado para más capacidad de familias y (la meta) es brindar el servicio del agua al menor costo posible, utilizando esos recursos que Dios nos dio”, añadió. “El acueducto comprueba lo que nos han dicho por muchísimas décadas: que tenemos que conservar nuestros recursos, nuestras cuencas de agua, nuestras aguas superficiales, los ríos, conservar el ambiente para poderlo tener, que nos pueda seguir sirviendo para futuras generaciones”.


Representación de la organización Acueducto Rural Pedro Calixto,
con su director José Oyola al centro, junto al licenciado Rafael Cortés
Dapena, presidente de la Fundación Ángel Ramos y María Jaunarena,
presidenta de la Junta Consultiva del Premio Tina Hills 2018
(a la extrema izquierda) y de Laura López, directora ejecutiva de la
Fundación Ángel Ramos y Diego Suárez Matienzo, director del Comité
de Desarrollo Organizacional de la Fundación Ángel Ramos
(extrema derecha). Foto / Alberto Bartolomei

El restablecimiento inmediato del servicio luego del paso del huracán María lo realizaron siguiendo todos los parámetros exigidos por las agencias reguladoras. Se unieron a otras asociaciones de base comunitaria en un frente unido para la maximización de recursos y el desarrollo económico del Barrio Borinquen, en Caguas, creando la Alianza Comunitaria Borinquen Bello. Así sirvieron 8,500 personas con el apoyo de 14 voluntarios.

“Después que botamos el golpe, teníamos unas tareas asignadas y todo el mundo respondió. Así pudimos reestablecer el servicio y pudimos dar otros que no estaban contemplados dentro de lo que es el acueducto como repartir hielo al tener nuestra planta solar que la habíamos implantado como una manera de economía”, menciona entre otras tareas como coordinar con agencias estatales y federales para canalizar ayudas, atender personas cuyos hijos no estaban en la isla y brindar albergue a quienes lo habían perdido todo.

Agrega el director que vivieron experiencias que los marcaron con personas “que no se contuvieron y comenzaron a llorar, nos besaban, nos abrazaban, querían ofrendarnos dinero a cambio, poniéndose a la disposición porque tenían agua”.

“Hoy puedo decir que el líder es este que se da espontáneo, hacer las cosas sin que tengan que decírtelo, sin que estés esperando que al final venga alguien a darte una palmada en el hombro. Es una transformación que surge natural, sin programarlo, te diste, lo hiciste, te soltase”.

En el 2014, la organización extendió su misión ya que procuran, además, fortalecer los lazos de solidaridad mediante actividades educativas, culturales, deportivas, ecológicas y espirituales. Para esto, promueven la agricultura, la conservación ambiental, el buen uso de los espacios y elementos naturales, la autogestión y la auto sustentabilidad. Aspiran propiciar el empoderamiento y la participación comunitaria encaminada hacia el cooperativismo y el desarrollo económico.

“Muchos decían que sin electricidad o que sin un celular no podían vivir, se dieron cuenta de que no, sin el celular pueden vivir, sin la energía pueden vivir, pero sin el agua no se puede vivir”, reflexiona Oyola.

Por eso al momento identifican sistemas de agua en otras comunidades, como manantiales, cuyo uso fue descontinuado. Están en el proceso de “evaluarlos y ver cómo los podemos poner a funcionar para estar aún mejor preparados para futuras emergencias”.

El reconocimiento a la propuesta aumentó como la espuma a partir de la experiencia. “Si hacemos un estribillo, muchos te dirán ‘yo soy Pedro Calixto’, ‘yo sé lo que es Pedro Calixto’ porque se creció en popularidad, en gente dispuesta a querer colaborar, que se replique, se creó conciencia”.

Como líder, Oyola se siente diferente; de trabajar una iniciativa para tener seguridad de agua para los suyos y su comunidad, presenció cuánto más se puede hacer y el impacto que logran en la vida de otros.

“Hoy puedo decir que el líder es este que se da espontáneo, hacer las cosas sin que tengan que decírtelo, sin que estés esperando que al final venga alguien a darte una palmada en el hombro. Es una transformación que surge natural, sin programarlo, te diste, lo hiciste, te soltase. Ahí me llevó Pedro Calixto”, concluye.

La prioridad de crecimiento y progreso, entonces, es compartida.

 

Fotos: Alberto Bartolomei



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