Premio Tina Hills 2018: P.E.C.E.S.

PECES apostó a la agilidad y a incluir a los alumnos en sus trabajos de servicio mientras reconstruía su comunidad. Su director José Oquendo comparte ganancias en conocimiento durante el proceso que los llevó a compartir el Premio Tina Hills, edición especial 2018 con otras seis organizaciones sin fines de lucro.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé

Hoy, mirando a lo lejos aquellas horas y días extraños que siguieron luego que los vientos ciclónicos de María acabaron, valoramos la rápida respuesta después del estado de asombro en que quedamos. Como el resto del país, eso experimentó la comunidad de empleados y alumnos del Programa de Educación Comunal de Entrega y Servicio (PECES), una de las siete organizaciones ganadoras del Premio Tina Hills 2018. El galardón filantrópico les otorga $50 mil.

Con base en Punta Santiago, Humacao, la zona fue gravemente afectada y hoy renace con atención al impacto que el proceso tiene en la educación de sus estudiantes y en la estima de la comunidad.

“Tuvimos que tomar determinaciones inmediatas y urgentes porque nosotros habíamos perdido toda nuestra capacidad operacional, perdimos nuestra estructura física, pero también teníamos una realidad de que nuestro capital humano, nuestra gente estaba abatida con la realidad del huracán y nosotros teníamos muchas complicaciones en términos de las comunicaciones con la gente”, recuerda José Oquendo, director de la organización incorporada en el año 1988.

PECES tiene como misión fomentar el desarrollo social, económico y educativo en las comunidades en la zona este del país en pueblos como Humacao, Las Piedras, Maunabo, Naguabo y Yabucoa.  Para esto ofrece servicios variados: de educación alternativa para jóvenes; de desarrollo empresarial comunitario; y de prevención a las comunidades.


Representación de la organización PECES encabezada por la Hermana
Nancy Madden y José Oquendo, al centro, junto al licenciado Rafael
Cortés Dapena, presidente de la Fundación Ángel Ramos y María Jaunarena,
presidenta de la Junta Consultiva del Premio Tina Hills 2018
(a la extrema izquierda) y de Laura López, directora ejecutiva de la
Fundación Ángel Ramos y Diego Suárez Matienzo, director del Comité
de Desarrollo Organizacional de la Fundación Ángel Ramos
(extrema derecha). Foto / Alberto Bartolomei

Una particularidad que quizás describe el empeño en la respuesta es que sus líderes son oriundos de Punta Santiago, sede principal de la organización. Oquendo, quien pasó el huracán en casa de su hija, recuerda el momento en que entró a su comunidad y enfrentó la devastación. Los rostros llorosos y de desesperanza los compara con un capítulo de la serie The Walking Dead.

“Y uno tratando de decirle ‘no importa, nos vamos a levantar’ pero no teníamos forma de creérnoslo. Era el momento del temor total, es decir, siquiera estoy vendiendo un mensaje que todavía yo no me lo creo. Cuando fuimos aproximándonos más a la gente fue un proceso hermoso porque fue como la energía que necesitábamos para nosotros decir ‘tenemos que hacer algo no importa lo que tenemos’”, comparte Oquendo.

Entonces del susto se pasó al gusto. Al gusto por servir, por reconstruir. Durante la emergencia establecieron el Plan de Desarrollo de Resiliencia Comunitaria para suplir necesidades básicas. Atendieron necesidades de infraestructura. Apoyaron en la distribución a residentes de mobiliario, equipo y materiales. Se inició proceso de reactivación de la economía comunitaria de Punta Santiago con el Proyecto Incubadora de Microempresas Comunitaria. Ofrecieron asesoría legal para atender reclamaciones de FEMA, seguros y derechos de titularidad. Integró sistemas de energía sostenibles como paneles solares y purificadoras de agua para la comunidad.

Sirvieron 81,675 personas y atrajeron un total de 512 voluntarios.

“Son muchas áreas en las que hemos crecido y aprendido con la dimensión de que el país solamente se construye si todo el mundo junta sus manos y se une en voluntad”.

Oquendo reconoce que, en principio, la gente de la comunidad “ni siquiera pensaba que nosotros íbamos a ser una opción de ayuda” dado que no son una “agencia de respuesta de ayuda”.

“PECES no es la Cruz Roja, ni nuestros amigos del Banco de Alimentos”, cuenta Oquendo y añade. “Uno de los valores que más estimulamos en nuestra organización es la solidaridad, pero la solidaridad no se da en un vacío, se da en gente que crea en que lo que está haciendo tiene unos principios y los puede poner en común”.

Para el líder, la vivencia de servicio que experimentaron los estudiantes “fue una lección que yo te digo que cubrió un término de veinte años de aprendizaje en un proceso corto”.

“Nosotros somos un microcosmos de lo que es el país”, reflexiona Oquendo. “Pero la realidad es que nosotros podemos sembrar desde aquí un proceso distinto de cómo hacer un país distinto y eso fue lo que empezamos a gestar, alternativas solidarias de ayuda mutua. Todavía nuestra reflexión es hacia construcciones nuevas. Son muchas áreas en las que hemos crecido y aprendido con la dimensión de que el país solamente se construye si todo el mundo junta sus manos y se une en voluntad”.

Si el refrán asegura que la fe mueve montañas, qué no podrán lograr entonces la voluntad y la acción. PECES tiene como meta descubrirlo.

 

Fotos: Alberto Bartolomei





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