Las huellas del voluntariado

La profesionalización del manejo del voluntariado en nuestras organizaciones sin fines de lucro debe ser una prioridad en estos tiempos desafiantes. Aquí algunas lecciones ganadas tras la culminación del segundo Programa de Formación y Desarrollo de Voluntariado de la Fundación Ángel Ramos.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Maribel Caro, directora de Jóvenes de Puerto Rico en Riesgo durante su presentación. Foto / Javier del Valle

Sí queríamos conocer la huella que dejó en sus participantes el Programa de Formación y Desarrollo de Voluntariado de la Fundación Ángel Ramos allí estaban ellas. Maribel Caro, directora ejecutiva de Jóvenes de Puerto Rico en Riesgo; María de los Ángeles Rivera, nueva coordinadora de voluntariado para YMCA San Juan; y Lydia Figueroa, directora ejecutiva de la YMCA San Juan, compartieron el impacto que la jornada educativa y práctica tuvo en sus vidas.

Esto, como parte de la graduación de la segunda edición del Programa, uno de los componentes del proyecto  Ciudadanía Activa PR de la Fundación, la cual tuvo lugar en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce el pasado 28 de marzo.

Astrid Morales, gestora del programa y consultora en Desarrollo Organizacional de la Fundación, resaltó que en esta segunda edición del programa “encontramos cómo sumar a la ecuación, ya ganadora, al trabajo que hacen ustedes por nuestro país, a las capacidades, la ayuda y el compromiso social de un grupo de ciudadanas y ciudadanos activos, comprometidos e inquietos con construir un país distinto”.

“Y así se juntó el hambre y la necesidad para crear los coordinadores de voluntariado en cada una de sus organizaciones que permiten fortalecer, robustecer el trabajo que hacen ustedes por nuestro país. En esta jornada nos hemos convertido en amigos, cómplices, sobre todo en  soñadores y soñadoras con un país distinto, un país más justo y solidario y parte de mi trabajo ha sido acompañarles a ustedes en crear y fortalecer esas estructuras para que nuestros ciudadanos y ciudadanas encuentren un lugar legítimo para transformar a nuestro país”, mencionó Morales antes de compartir lo que definió como “historias de éxito” en el proceso educativo y de acompañamiento.


Astrid Morales, consultora en Desarrollo Organizacional y Alfredo Carrasquillo,
director del ILEC en la Universidad del Sagrado Corazón, encabezaron
la ceremonia. Foto / Javier del Valle

Maribel Caro, directora ejecutiva de Jóvenes de Puerto Rico en Riesgo, compartió en su testimonio que aunque entraron al proceso educativo con “una amplia experiencia en programas de voluntariado” de más de dos décadas, éste les sirvió para “ampliar y fortalecer los recursos del centro de apoyo académico que tenemos en distintas escuelas, en distintos pueblos”. “Y pienso que es muy valioso en este momento porque en el país, las empresas privadas, las organizaciones, están haciendo énfasis en que sus empleados se involucren en la comunidad y sirvan de voluntarios”, añadió.

Caro describió que lo aprendido sirvió como “un filtro para evaluar y validar lo que ya nosotros estamos haciendo, pero también una oportunidad de aprender, de ampliar y de maximizar los recursos que están por ahí ávidos de participar y no necesariamente saben cómo”.

Uniformar el manejo de voluntarios y “generar disfrute” en el proceso de sistematización y de recopilación de datos fue otra de las ganancias identificadas. De ese modo, pudieron entender que “el recurso voluntario que tiene la organización es un valor incalculable”.

En agenda queda compartir con el personal todo lo aprendido y “de esta manera crear valor, extender nuestra misión y promover la sensibilidad y la solidaridad en ciudadanos comunes que quizás de otra manera no pudieran estar en apoyo para los jóvenes con los que nosotros trabajamos, que son jóvenes en alto riesgo y que son, dentro de las comunidades vulnerables, uno de los más vulnerables”.

EL MEJOR MOMENTO


Robert Santa María, presidente de la Fundación Ángel Ramos;
Laura López, directora de dicha fundación; Lydia Figueroa,
directora de la YMCA San Juan; y Gilberto Marxuach Torrós,
presidente de la Universidad del Sagrado Corazón. Foto / Javier del Valle

Lydia Figueroa, directora ejecutiva de YMCA San Juan, aceptó que el programa de voluntariado “llegó justo en el momento necesario”.

Figueroa mencionó que atravesaban las secuelas del huracán María que les dejó daños físicos de casi $3 millones, una transición administrativa en el puesto de director ejecutivo y empleados enfrentando los retos económicos de la organización.

“Todos los espacios y sueños futuros vistos con tantos desafíos en ese momento y llega la oportunidad de desarrollar el ya existente programa de voluntarios; el formalizar y estructurar la manera en que trabajamos, reclutamos, adiestramos, reconocemos de manera consistente la labor de los voluntarios ha sido una gran diferencia para nuestra organización”, aseguró la directora de la YMCA-SJ.

Figueroa destacó la gestión de la coordinadora de voluntarios María de los Ángeles Rivera por su “gran compromiso y su gran pasión por el servicio”. “María se ha enamorado de la organización apasionadamente y su mensaje, su modelo y testimonio han sido motor para lograr grandes éxitos en tan poquito tiempo”, aseguró.

Enumeró algunos como la motivación generada entre el personal para trabajar junto a los voluntarios. “Fue una de las cosas más marcadas que tuvimos”, dijo para luego añadir, “en la organización se ha gestado una cultura de voluntariado, al exterior y al interior, que ha sido maravillosa; si no estamos receptivos para dedicarle ese tiempo (el voluntario) se nos va porque está ahí para servir”.

“Todos decían el mismo mensaje y yo dije ‘este tiene que ser un sitio especial que la gente hace sus horas y se quedan a hacer trabajo voluntario’, empecé a convencerme de que este es un sitio en el que yo quería estar”.

Añadió que lograron más de 17 alianzas formales e informales con voluntarios corporativos, con organizaciones profesionales para capacitar su personal y con otras organizaciones sin fines de lucro. Entre septiembre y octubre registraron más de 1,300 horas de labor voluntaria y de noviembre a diciembre más de 2,300.

“Y tenemos un plan de reconocimiento a voluntarios con una metodología estandarizada para que no se nos olvide reconocer y validar a nuestros voluntarios”, señaló Figueroa para quien es importante que “se riegue la voz que ‘en la Y’ somos felices sirviendo”.

QUÉ PIENSA UNA COORDINADORA

Si las organizaciones sin fines de lucro son un pilar importante dentro del Programa de Formación y Desarrollo de Voluntariado de la Fundación Ángel Ramos, igual de vital es la figura del coordinador de voluntariado. Una de ellas, María de los Ángeles Rivera, compartió las experiencias atesoradas en el proceso.


María de los Ángeles Rivera colabora como coordinadora de voluntariado
con YMCA San Juan. Foto / Javier del Valle

Rivera contó que en la primera reunión con Morales para conocer sobre el programa de voluntariado de la Fundación “me tomó muy poco tiempo decidir que yo quería ser parte de esto”.

Luego, en su primera reunión en la YMCA SJ, escuchó a varias personas comentar cuántas horas trabajaban remuneradas y cuántas voluntarias. “Todos decían el mismo mensaje y yo dije ‘este tiene que ser un sitio especial que la gente hace sus horas y se quedan a hacer trabajo voluntario’, empecé a convencerme de que este es un sitio en el que yo quería estar”, rememora.

El proceso de capacitación fue fundamental para la siguiente experiencia, “la oportunidad de llevarlo (el conocimiento) en vivo a una estructura como es la YMCA”. “Al terminar el curso ya yo sentí que era parte de este equipo, ya íbamos unidos a hacer un trabajo y así ha sido a través de todo este proceso”, dijo Rivera.

La coordinadora de voluntariado compartió algunas reflexiones sobre las razones para ser voluntaria. Aportar a una causa, desarrollar nuevas habilidades, lograr metas y desarrollar nuevos contactos profesionales fueron algunas de las motivaciones señaladas por Rivera.

“Y que sea divertido, ‘la Y’ es sumamente divertida. Entro, me sonrío y salgo sonriendo”, dijo la coordinadora.

Rivera mencionó que, antes de conocerla, pedía que la directora de la organización estuviera en sintonía con ella sobre la importancia del voluntariado.

“La sorpresa que recibí es que ella cree incondicionalmente y eso ha sido una de las cosas más importantes para que este equipo lleve el trabajo a otro nivel. Ella esta ahí con una conciencia de que el voluntariado es demasiado importante y tenemos que trabajar en un equipo; el director ejecutivo es una figura esencial en eso. Ha sido una experiencia muy bonita, especial a todos los niveles”, acabó su intervención la coordinadora de voluntariado de ‘la Y’.

Fotos y vídeo: Javier del Valle

 

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