ASPIRA: “Me tratan como familia aquí”

Respeto y amor aportan al desarrollo de jóvenes que arriban a las escuelas alternativas de ASPIRA donde encuentran una nueva oportunidad.

 Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Cora H. Arce, directora ejecutiva de ASPIRA. Foto / Javier del Valle

Proveniente de pequeños salones con no más de doce estudiantes, la algarabía del saludo se escucha en los pasillos. Después, todo es silencio. La clase ya comenzó. 

La sede en Carolina de la escuela alternativa de ASPIRA recibe diariamente 80 estudiantes, a la sede de Moca llegan 42, 28 a la escuela que tienen en Aguada y 55 a la de Mayagüez. Ellos son la fuente de energía del proyecto educativo, uno de los principales de la organización sin fines de lucro ASPIRA que este año cumple su 50 aniversario.


La escuela cuenta con sedes en Carolina, Moca, Aguada y Mayagüez.
Foto / Javier del Valle

La escuela recibe jóvenes entre los 14 y 21 años que están en riesgo de abandonar la escuela o que ya son desertores escolares. Ofrece dos ciclos educativos, el científico-técnico y el socio-humanista, y se guía por postulados de la UNESCO que exhortan a aprender a ser, a convivir y a hacer. También, integra la Alianza para la educación alternativa, creada bajo la Ley 213 del año 2012, junto a proyectos colegas como Nuestra Escuela, Centros Sor Isolina Ferré, Proyecto Nacer y Proyecto de Educación Comunal de Entrega y Servicio (PECES).

Francisco Feliciano dirige las escuelas alternativas de ASPIRA. Una y otra vez se topa con la misma situación, arriban jóvenes afectados por experiencias negativas en el sistema de enseñanza tradicional, ariscos, desanimados, seguros del fracaso que se avecina. Les resulta imposible encontrar el potencial que poseen cuando se miran al espejo.  


Gabriela García Rivera, Emanuel Aquino Algarín y Brithany Coriano Viruet
han encontrado una nueva oportunidad en la escuela de educación
alternativa de ASPIRA. Foto / Javier del Valle

“Estos son estudiantes que vienen realmente marcados por la escuela tradicional y a veces piensan que esto es una escuela más, llegan hasta con unos elementos de desconfianza, de inseguridad de ‘yo no sé lo que va a pasar’. Pero luego vienen los cambios y son majestuosos, únicos”, describe Feliciano.

A los empleados de ASPIRA no les asombran las transformaciones. Lo que hacen, describe Feliciano, “es afirmar en las posibilidades que tiene cada persona”. “Es la fe en que cada persona, una vez le das esa posibilidad, le das un espacio. Que tú tiras esa semilla y encontró el terreno apropiado y el solecito apropiado para echar pa’ lante. Eso es”.

Con él coincide Cora H. Arce, directora ejecutiva de la organización ASPIRA.

“Mis actitudes antes eran muy fuertes y mis maestros me han ayudado mucho, mucho, mucho”.

“Estos estudiantes son espectaculares. Ellos entraron espectaculares, lo que pasa es que no lo sabían”, explica Arce la transformación en los jóvenes.

Tres de ellos conversan con Oenegé: Brithany Coriano Viruet, Gabriela García Rivera y Emanuel Aquino Algarín.

“Mis actitudes antes eran muy fuertes y mis maestros me han ayudado mucho, mucho, mucho”, asegura Brithany quien además canta en la escuela.

Por su parte Gabriela, otra cantante, reconoce que “yo era bien tímida”.  

“A mi me encantaba cantar y yo no cantaba”, recuerda su experiencia anterior. En ASPIRA me enseñaron a liberarme más, a confiar en la gente, porque yo era bien cerrada, porque me hacían bullying. Y aquí no me hacen bullying, me tratan como familia”.


Francisco Feliciano, director de los centros educativos de ASPIRA.
Foto / Javier del Valle

Emanuel reconoce que entrar en ASPIRA cambió su forma de estudiar y le ayudó “en mi responsabilidad y en poder socializar con las otras personas”. “Y me permitió progresar más en mi vida. Aquí yo aprendí a tocar guitarra, esta escuela me ha ayudado en ese sentido”, dice el joven.

Cuando piensan en una palabra que defina la escuela, a Brithany se le hace difícil escoger una. “Es que nos ha ayudado tanto, a todo el mundo, porque todo el que pasa por aquí dice ‘la verdad es que esta escuela ha sido espectacular”, declara y de inmediato se percata de que esa es la palabra que usaría para hablar de su experiencia, “espectacular”.

“Para mi sería familia, porque me tratan como familia aquí”, subraya Gabriela.

Emanuel lo piensa y escoge “único”. “No hay programa igual en este país que ayude a los muchachos así como ASPIRA, ni la escuela tradicional, ni el homeschooling te ayudan a progresar como aquí”, insiste el joven.

A lo lejos, Feliciano sonríe complacido.

Fotos y vídeo: Javier del Valle

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