La vida sin un intérprete de señas

El éxodo de especialistas en lenguaje de señas en nuestra isla reportada en la prensa, dificulta la cotidianeidad de dicha comunidad en Puerto Rico.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Edgardo Figueroa, presidente de la Federación Nacional Puertorriqueña de Sordos. Archivo FAR / Javier del Valle

Los datos nos hicieron levantar las cejas. Si en el año 2017 había unos 400 traductores especialistas en lenguaje de señas en Puerto Rico, luego del huracán María la cifra se redujo considerablemente. Según indicó Edgardo Figueroa, presidente de la Federación Nacional Puertorriqueña de Sordos en entrevista con el periódico El Nuevo Día, el 75% de ellos emigró. A su juicio, las dificultades provocadas por el ciclón impulsaron el éxodo.

El Negociado del Censo de Estados Unidos reporta que 149,459 sordos de todas las edades viven en Puerto Rico. ¿Quién los atiende ahora? ¿Cuán importante es contar con un traductor en situaciones cotidianas?

“Tener a un intérprete de señas es el acomodo razonable que exige la Ley ADA para que una persona sorda pueda tener acceso a servicios dignos que mejoren su calidad de vida”, define la especialista Aida Luz Matos, quien por doce años fue intérprete para sordos en el canal 6 WIPR-TV.

Si eres sordo necesitas un intérprete para buscar empleo, para tener mejor desempeño académico, en eventos deportivos, culturales, para comprender sucesos noticiosos “y hasta en situaciones familiares en las que sea necesario resolver un conflicto y todas las partes necesiten entenderse”, agrega Matos.

El portal del Registro de Intérpretes para Sordos de Puerto Rico (RISPRI) enfatiza que tanto la Ley ADA como la Ley de Rehabilitación dictan que los gobiernos estatales deben brindar igual acceso a sus residentes con discapacidades. Estas instan a que se tomen “las medidas correspondientes para garantizar que las comunicaciones con solicitantes, participantes y miembros del público y acompañantes discapacitados, sean igual de efectivas que las comunicaciones con otras personas”. 

También, señalan que dicha comunicación apropiada con personas que usan lenguaje de señas ocurre cuando se cuenta con un “intérprete cualificado”, lo que se define como un recurso “que presencial o remotamente, tenga la capacidad de interpretar con eficacia, precisión e imparcialidad, de forma receptiva y expresiva, y usando el vocabulario especializado pertinente”.

Y ahí llegamos a otro punto importante. A principio de año, reseñamos en nuestro Oenegé que el lenguaje de señas varía en cada país y destacamos las particularidades del boricua, que apela a nuestra idiosincrasia. Aida Luz Matos, intérprete y autora del texto “Aprende señas conmigo”, resalta que el lenguaje de señas boricuas integra lectura de labios, el contexto en que ocurre una situación o palabra descrita, señas usadas en Estados Unidos y las nuestras. Esa es la fórmula que crea nuestro lenguaje de señas, el cual incluso varía entre generaciones o entre boricuas que viven en la ciudad o en zonas rurales.

“Sabemos que hay señas que solo son de aquí y han ido evolucionando”, nos dijo la especialista en aquella ocasión. “Hay señas viejas que los jóvenes han sustituido por otras. Todo evoluciona, todo cambia”. 

RISPRI define los lenguajes de señas como complejos, completamente formados con fonología, morfología, sintaxis y pragmática. “No son lenguajes sencillos que pueden aprenderse rápidamente, y es necesario ser bilingüe para poder adquirir y dominar las competencias de un intérprete”, expresa la organización en su portal.

SE BUSCAN INTÉRPRETES CUALIFICADOS

En julio pasado, en medio de los cambios políticos en los que estaba inmersa la isla, RISPRI exigió en un comunicado de prensa el cumplimiento de la Ley 266-2018 que asegura el acceso a la información para personas sordas. La presidenta de la organización, Marina Martínez, alertó que “los intérpretes de señas deben contar con una licencia o certificación válida que confirme su pericia”.

Martínez subraya que aquí el asunto es problemático, puesto que la isla no cuenta con un sistema de acreditación que califique la interpretación entre el español y el lenguaje de señas usado por los puertorriqueños sordos o con dificultades auditivas, lo que puede causar efectos adversos a esta comunidad y violar leyes federales de los Estados Unidos.

“Antes de que se expidan licencias, un sistema de acreditación debe comprobar la pericia. Un certificado de un programa de lenguaje de señas o incluso un título en interpretación no garantiza que el intérprete esté cualificado. Nos aseguraremos de que la participación de nuestra asociación, junto con la de la comunidad sorda, sea un elemento clave del desarrollo, la implementación y el mantenimiento de un sistema de acreditación. Para diseñar este tipo de sistema es necesario hacer la investigación pertinente y conseguir el financiamiento adecuado”, alertó Martínez al gobierno.

Mientras tanto, la comunidad sorda sigue a la espera.

“El servicio de intérprete de señas garantiza la integración de una persona sorda en todas las áreas importantes de nuestra vida”, especifica Matos, “y me preocupan muchísimo los servicios en agencias gubernamentales. Por ejemplo, si una mujer sorda es maltratada y acude al cuartel de la Policía en busca de ayuda, ¿quién la atiende?”

Por lo general, se contratan servicios de intérpretes con frecuencia en las cortes, pero en el área de salud, las prácticas de privacidad representan un reto.

“Muchas veces no te aceptan el intérprete en una cita médica o en una visita al hospital o la institución no lo quiere pagar. A veces tienen una ‘tablet’ para hacer el servicio de videorelevo, pero eso no sustituye al intérprete en tiempo real. La realidad es que, muchas veces, nadie sabe dónde está la tableta y el paciente sordo tiene que esperar que aparezca para poder explicar qué siente y para entender si le dicen ‘te tenemos que hacer X  pruebas de laboratorio o un MRI’. ¿Cómo le explicas a un sordo si acepta que lo intuben”, presenta Matos como ejemplo.

La mayoría de los médicos confía en que la persona sorda entiende las instrucciones que les brindan por escrito, pero Matos insiste en que “entender el español escrito a veces es una de las grandes debilidades de los sordos”.

La experta coincide en que muchos de sus colegas han abandonado el país. “Algunas organizaciones siguen dando el servicio pero los sordos son muchos”, dice y menciona a la entidad Sign Language Interpreters (SLI) Puerto Rico como una de ellas.

En su portal, esta organización define el lenguaje de señas como “parte de la cultura del pueblo”.

“Yo he sabido estar en una tienda y toparme con una sorda tratando de que una empleada entienda el tipo de vestido que quiere, y lo que ella entendía era todo lo contrario, jamás hubiese sabido si yo no intervenía. Hay muchas cosas que se pueden lograr, hay mucha gente aprendiendo lenguaje de señas y, si eres uno de ellos, por alguna razón usted esta aquí. Dios le pondrá en el camino el momento en que pueda servir de recurso y eso amplía el mundo de ambas partes”, culmina Matos.

Fotos / Archivo FAR

 

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