Ahora que Celimar Rivera Cosme interpretará en el Super Bowl la presentación musical de Bad Bunny para la comunidad sorda, revisamos el alcance de esa práctica en el país.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé


Omayra Cabiya destaca la importancia de la interpretación y el ensayo
con los actores y actrices a la hora de trabajar en el teatro
y en otras artes escénicas.

Celimar Rivera Cosme le puso presión a Bad Bunny. La puertorriqueña, intérprete de señas y sorda parcial, hizo vídeos pidiéndole al Conejo Malo que incorporara el lenguaje de señas para que la comunidad sorda del país disfrutara de sus conciertos en la isla. El artista cumplió. Ahora, Rivera se unirá a su esperada presentación artística en el Half-Time Show del Super Bowl 2026 que estará a cargo del boricua el próximo 8 de febrero.

El gesto le recuerda a una nueva generación que hay un amplio sector de nuestra sociedad que merece disfrutar la producción cultural y artística isleña. Para ello necesita de un intérprete de señas, así como una persona en silla de ruedas requiere de una rampa de acceso a un edificio. La sordera no es visible, de ahí que sea una discapacidad olvidada.

Reportes de prensa recogen que el gobierno estimó en el 2019 que en la isla vivían 228,421 adultos sordos, o con alguna dificultad auditiva, de 18 años o más. En enero 2026 se ordenó realizar un nuevo censo para revisar el perfil.

“Es bien importante que los oyentes se percaten de que esa comunidad existe, poco a poco se va logrando. Ahora las personas oyentes piden los intérpretes cuando hay un anuncio importante del gobierno porque se ha empezado a cobrar conciencia de que hay una comunidad que necesita esa accesibilidad”, explica el doctor José Bertrán, fundador hace 30 años de la organización Servicios Orientados al Sordo e intérprete de señas desde el 1985.


El doctor José Bertrán es intérprete de señas desde el 1985.

Bertrán comenzó realizando interpretación para sordos en televisión, cuando el gobierno lo convocaba en la década de los 90 durante la temporada de huracanes. Su ropa oscura hacía las veces de un telón para que sus manos fueran el punto focal. No opinaba, ni traducía el mensaje, lo conceptualizaba en el lenguaje de señas puertorriqueño, una especie de “spanglish” que combina las señas usadas en la isla en la época de dominio español y las que trajeron las religiosas católicas estadounidenses que se ocuparon de la tarea luego de la invasión del 1898. No existe un lenguaje de señas universal. 

En el 1995 Bertrán colaboró con el grupo, Haciendo Punto en otro Son. La cantante Josy Latorre había visto a una soprano cantar acompañada de un intérprete de señas en Estados Unidos y quería replicar la experiencia en Puerto Rico.

“Cuando nos contrató le dije ‘tu idea es fabulosa, pero necesitamos personas sordas en el público’. Se hicieron los arreglos y se sentaron en tres filas en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes en Santurce. Ellos estaban encantadísimos, habían visto al grupo, pero no sabían de qué hablaban las canciones. Silvero Pérez tenía una intervención cómica y la disfrutaron mucho; ellos lo veían en televisión, pero no sabían de qué se reían los demás hasta que pudieron entender con la interpretación de señas”, recuerda Bertrán.

“Los sordos están acostumbrados a lidiar con barreras de comunicación, ellos buscan la forma de hacerse entender; dibujan en un papelito, señalan o te llevan al lugar. Somos nosotros los oyentes quienes complicamos la comunicación, levantamos una barrera porque muchas veces nos da miedo no poder entenderlos"
José Bertrán,
fundador de la organización
Servicios Orientados al Sordo 

Agrega que ante el impulso que generan esas experiencias, algunas personas las celebran y luego olvidan las necesidades de la comunidad sorda, otras aprenden lenguaje de señas y otras se convierten en defensoras y buscan integrarla en sus proyectos. 

La Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA, por sus siglas en inglés) establecida en 1990, exige que se ofrezca servicios de accesibilidad y prohíbe la discriminación. El incumplimiento se penaliza con multas significativas.

“Esa ley cobija a la comunidad sorda y hay gente que ahora es que se están enterando”, advierte Bertrán y menciona que en recintos artísticos suele haber elevadores y letreros en formato Braille para mejor acceso de personas con diversidad funcional, pero suelen olvidar los requerimientos de los sordos.

“Cuando les incluyen intérpretes de señas en los espectáculos artísticos ellos se sienten incluidos y eso hace una gran diferencia. Muchos sordos fueron a ver a Bad Bunny, sabían quién era, pero no conocían las letras de sus canciones y cuando tuvieron el conocimiento dijeron: ‘ah, eso era’. Ahora ellos deciden si quieren consumir su contenido gracias a que un intérprete lo adaptó y lo convirtió en su lenguaje, tuvieron la misma oportunidad que los demás”, señala Bertrán.

“Los sordos están acostumbrados a lidiar con barreras de comunicación, ellos buscan la forma de hacerse entender; dibujan en un papelito, señalan o te llevan al lugar. Somos nosotros los oyentes quienes complicamos la comunicación, levantamos una barrera porque muchas veces nos da miedo no poder entenderlos. Si no ponemos barreras, nos vamos a poder comunicar y vamos a encontrar seres humanos espectaculares de quienes podemos aprender un montón”, opina Bertrán. 

SENTIDOS EN ACCIÓN


La intérprete se unió al actor Carlos Santiago en la obra
teatral “Noche” (2024), pieza que se presentó en Puerto Rico,
en Miami y en Nueva York.

Los sordos no escucharán la música, pero sienten su vibración. Pueden leer los labios, pero es una tarea difícil en un espectáculo debido al juego de luces, la reducida visibilidad de los labios del artista y su constante movimiento. Igual sucede en el teatro. 

Bertrán puntualiza que los intérpretes de lenguaje de señas deben escuchar bien a los actores y no deben estar en una esquina bajo una luz tenue en el escenario porque la audiencia sorda no podrá ver sus manos. Más importante aún, deben estudiar el libreto y ensayar, “para que se empapen de la energía y el contexto de la obra, qué se dice, cómo se dice y cuáles son las razones de los personajes”.

“En el teatro no se traduce, se comparte el concepto. Si el personaje dice ‘te voy a dar la luna y las estrellas porque te amo’, nosotros vamos a lo que es, no a la metáfora, y decimos ‘porque te amo, te doy lo que me pidas’”, pone como ejemplo.

Desde la década del 90, la teatrera Adriana Pantoja intentó incorporar contenido para comunidades sordas con su compañía Cuarzo blanco. Finalmente lo logró en el 2005 con la pieza “Utopía perdida”, cuya historia se narraba con pantomima, música y movimiento.

“Pero cometí un error, en vez de integrar a la comunidad sorda hice una función especial”, recuerda la dramaturga.

En el 2007 José “Chenan” Martínez se incorpora a la compañía para trabajar música y sonido, pero además conocía la interpretación de señas. José Bertrán se sumó poco después y comenzaron el programa, Artefusión, en el 2011, que emitían de forma simultánea por radio e internet, dirigido a la comunidad sorda. En el 2009 subió a escena la primera obra de Cuarzo blanco que formalmente integraba intérpretes de señas para la comunidad sorda, “Máscaras afuera”, protagonizada por Miguel Diffoot y Julio Ramos.

“En principio José Bertrán nos ayudaba a auspiciar boletos para el público sordo, y ahora ya vienen solos porque saben que pueden disfrutar la obra de teatro. Ellos pensaban ‘para qué voy a comprar un boleto si no voy a entender’; ya hay una conciencia de que ellos necesitan sus intérpretes. Esa primera obra fue interesante, hubo una pareja de personas mayores que nos dijeron, ‘es la primera vez que veo teatro’. Otros decían, ‘si hay intérpretes, no importa de qué trate la obra, yo quiero estar aquí’. He notado que les gusta la comedia más que el drama”, comparte Pantoja quien es partidaria de que “los sordos tengan la información completa y después decidan qué quieren ver”.

“Y honor a quien honor merece. La primera en hacer esto fue Myrna Casas, que en el 1965 intentó con Jossie Pérez llevar estudiantes de la escuela Loaíza Cordero al teatro. Ellas fueron las pioneras con la obra “Ana de los milagros”, agrega la teatrera.

Pantoja cuenta con un grupo de entre tres y ocho intérpretes, y los convoca dependiendo de la cantidad de actores en el elenco y el presupuesto del que disponga. Participan en los ensayos y son dirigidos por ella en escena, “como cualquier actor”. También reciben paga. 


Desde la década del 90 la teatrera Adriana Pantoja se ocupó de
incorporar espacios para la comunidad sorda en las
producciones de su compañía Cuarzo Blanco.

“Además de lo artístico, en Puerto Rico debe haber sensibilidad y conciencia sobre la comunidad sorda que no son cuatro gatos, son miles de personas y muchos no están contabilizados en el censo. En la producción que pueda yo cuelo a los intérpretes porque es justo y necesario que tengan toda la información. Mientras más gente lo haga, mejor será porque la situación es gravísima en todos los sentidos; en la parte de interpretación médica y legal lo sordos están en el aire”, indica Pantoja.

Omayra Cabiya es intérprete de sordos y se concentra en producciones artísticas en Puerto Rico, aunque vive y trabaja como intérprete médico en Florida. Se unió al actor Carlos Santiago en la obra teatral “Noche”, que subió a escena en el 2024, y se presentó en Puerto Rico, en Miami y en Nueva York, donde al siguiente año fue galardonada en los Latin Alternative Theater Awards 2025.

El interés de esta oyente por el lenguaje de señas surgió a los 12 años viendo películas como “The Miracle Worker” o “Children of the Lesser God”. Luego, en la Iglesia Robles de Justicia, en Caimito, se unió al ministerio de sordos, hizo amistades en la comunidad y comenzó a interpretar señas en canciones y dramas religiosos de forma voluntaria. Estudió formalmente lenguaje de señas en el 1995 en cursos sabatinos ofrecidos en el Colegio San Antonio en Río Piedras. Aunque estudió Enfermería, no lo ejerció; se concentró en estudios de interpretación para sordos en la Universidad del Turabo que incluyó clases en el renglón artístico.

“El intérprete tiene que entender el tema; no se traduce la metáfora, si no lo que se quiere decir. Yo llegué a la interpretación artística profesional a través de la recomendación de José Bertrán, en el bachillerato me pedían horas de observación y práctica y ahí conozco a Adriana Pantoja. Me invitaron a ver la obra “Máscaras afuera” y quedé impresionada con el trabajo de señas”, expone Cabiya.

Le agradó la propuesta de Cuarzo blanco puesto que incluía al intérprete de señas cerca del actor, no en una equina donde el sordo tiene que escoger entre mirarlo a él o a la obra. “De esta forma el sordo no se pierde nada”, señala.

Cuando tuvo la oportunidad de trabajar como intérprete en una obra de Pantoja aceptó de inmediato. Se trató de “Sueño eterno”, hace más de 10 años.

“Me tocó hacer dos papeles en la obra, pero ambas actrices no compartían escenario. Fue bien interesante, tenía que marcar la personalidad del personaje en mi cuerpo. Ese es el detalle artístico, tienes que expresar más a nivel corporal: con las manos hablas, con el cuerpo das entonación y la fuerza la reflejo con mi gesto. Si un personaje es sumiso, me pongo en esa actitud y hago señas suaves, si el otro es más fuerte, expreso potencia. Los intérpretes no estamos para llamar la atención, somos una extensión del orador, somos una sombra, no incluimos nuestra opinión. No le tuve miedo a la oportunidad, me gustó porque la energía de trabajar en teatro es diferente, es adictiva. Me encantó la experiencia y seguí trabajando”, resume Cabiya que luego se unió a las puestas en escenas de “Gatagarata”, “Dentro del sueño”, “Los justos” y “Casandra nuestra”.

Ahora en Florida está atenta a lo que presentará Bad Bunny en el Super Bowl y festeja que incluya una intérprete de señas. “Y los estadounidenses podrán entender nuestro lenguaje de señas perfectamente bien, no van a estar perdidos”, culmina Cabiya.

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