Los ensayos reunidos en el libro Nos Otros, repasan la huella filantrópica en los pasados 25 años de la fundación gestada por Lourdes Miranda. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé Lourdes Miranda, fundadora de Miranda Foundation, invitó a sus aliados filantrópicos a aportar ensayos incluidos en el libro. Foto / Suministrada Miranda Foundation revisa su ciclo de labor solidaria en la isla con el lanzamiento del libro, Nos Otros: voces protagonistas de una trayectoria de filantropía y solidaridad en Puerto Rico, que conmemora 25 años de gestión en la isla en diversas áreas. “Míralo aquí”, muestra el libro orgullosa Lourdes Miranda, creadora de Miranda Foundation, “este es el trabajo de todos”. La líder está emocionada porque los 18 ensayos incluidos en la publicación permiten ver los orígenes, la visión y la misión de la fundación que gestó en Estados Unidos y que luego trajo a su isla para impactar directamente a las comunidades. Del fructífero camino transitado dan cuenta personajes vinculados a esta obra como Andrea Barrientos Soto, Diana Campoamor, Nelson I. Colón Tarrats, Agustín Costa, Ramón E. Daubón, Alana Feldman Soler, Lucilla Fuller Marvel, Ana Yris Guzmán Torre, Cristina King Miranda, Rosalie López Castellanos, Arturo Massol Deyá, Lourdes R. Miranda, Amárilis Pagán Jiménez, Janice Petrovich, Ángel “Chuco” Quintero Rivera, Celina Romany Siaca, Marianne Ramírez Aponte, Tania Rosario Méndez y Lina M. Torres Rivera. Miranda invitó a los ensayistas incluidos, quienes han sido donantes o aliados filantrópicos a lo largo de 25 años. “Todos han tenido una relación estrecha con la fundación así que pueden hablar de primera mano sobre la obra que se ha logrado en las comunidades”, subraya Cristina King Miranda, hija de Lourdes. El texto recopila múltiples metas compartidas llevadas a feliz término. Doris E. Lugo Ramírez fungió como editora del proyecto editorial, para Isla Negra Editores, con la ayuda de King. “La experiencia fue brutal”, reconoció halagada King, “los ensayos me parecieron un diagnóstico de un Puerto Rico actual -en Estados Unidos y acá- de resistencia, de lucha, de mutuo apoyo y con un firme deseo de sacar este país hacia adelante. Todos estos ensayos avalan, nutren y profundizan el término de solidaridad que ella (Lourdes) propone”. Cuando Miranda comenzó a acuñar el término solidaridad en Puerto Rico hace 25 años -el premio que por 15 años otorgó su fundación se llamó Premio Solidaridad- “no era un concepto en la escuela filantrópica acá”, destaca King. “No se veía como propone el escritor Eduardo Galeano, que lo ve circular, sino de arriba abajo como una obra de caridad. El término propone que cada comunidad tiene las respuestas y las soluciones a sus problemas, por lo que hay que empoderarlos para que los resuelvan”, comparte King la filosofía que guió a su madre. Puedes adquirir el libro en las librerías Laberinto, en el Viejo San Juan; Casa Norberto, en Plaza de las Américas; Librería Norberto González, en Río Piedras y a través de las páginas de Miranda Foundation, www.mirandafoundation.org e Isla Negra Editores, www.editorialislanegra.com.
Con el proyecto especial TransformArte, Miranda Foundation celebra el fin del 2020. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé Antes de la pandemia, así comenzó el proyecto TransformARTE. Foto / Suministrada ¿Te imaginas poder encaminar a los residentes de una comunidad a identificar sus problemas y juntos buscarle solución? Pues el teatro resultó la vía ideal para lograrlo en el proyecto TransformArte, realizado en alianza entre Miranda Foundation, Fundación Segarra Boerman e hijos y con el Fondo Flamboyán para las Artes. Antes de que la pandemia atrapara el proyecto, se cumplió con su meta inicial de estimular el diálogo comunitario en el que se identificó una necesidad y mediante el uso de técnicas de teatro imagen y teatro foro, propias de la propuesta de Teatro del Oprimido del maestro y dramaturgo brasileño Augusto Boal, se construyó un proyecto para atenderla. La representación teatral encaminaba el proceso. “Este concepto surgió hace dos años y resultó ser un proyecto madre e hija”, declara Cristina King, hija de Lourdes Miranda y creadora de múltiples proyectos en Miranda Foundation. “Las expresiones artísticas son herramientas claves, fuertes e importantes en el desarrollo de proyectos comunitarios; permiten organizar a los jóvenes que pueden usarlas en otros ámbitos profesionales más adelante y no segrega el arte y el trabajo social comunitario”, agrega King, quien se desempeña como promotora cultural en México. A lo largo de 36 semanas, un facilitador comunitario viabilizó el proceso en las organizaciones que sirven zonas específicas como Juan Domingo en Acción en Guaynabo; Consejo Vecinal Pro Desarrollo de la Península de Cantera, en San Juan; Clínica Legal Psicológica, Instituto de Investigaciones de la UPR-Cayey, en Villa Hugo en Canóvanas; Comité de Desarrollo Social y Cultural Daguao, en Naguabo; Comunidad Organizada de Puente Blanco, en Cataño; Proyecto Matria en la Comunidad Miraflores, en Orocovis; Piñones Aprende y Emprende, en Loíza; y Urbe a Pie, en Caguas. Los proyectos fueron seleccionados por el comité evaluador designado por Miranda Foundation, conformado por Lucilla Marvel, Lyvia Rodríguez, Lydia Platón, Marianne Ramírez, Mariolga Pacheco y Lourdes Miranda. Los problemas abordados fueron desde canchas de baloncesto e instalaciones comunitarias en mal estado, falta de alcantarillado para aguas sanitarias y usadas, manejo inadecuado de desperdicios exacerbado por el aumento de cerdos vietnamitas, proliferación de animales realengos, pocos ofrecimientos culturales y recreativos para niños y jóvenes, y problemas de alumbrado y de acceso tecnológico para cumplir con tareas escolares en la pandemia. La semilla fue sembrada. Mediante el teatro, los participantes trabajan para transformar a sus vecinos y a sus comunidades. ¿Próxima meta? El país. “Tenemos una gran satisfacción con lo que este proyecto pueda crear no solo ahora si no en el futuro de estas comunidades”, culminó King.
Colapsó el radiotelescopio y con él una era para la ciencia local e internacional. Conversamos con su director, Francisco Córdova, sobre las labores que siguen intactas, los cambios en camino y, por supuesto, el shock que todavía les queda. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé La foto que nunca quisimos ver, la noticia que jamás pensamos leer se hizo realidad: el radiotelescopio de Arecibo colapsó la mañana del 1 de diciembre debido a fallas en sus cables de soporte. En agosto comenzó su lento deterioro cuando se rompió el primer cable. Administrado por la Fundación Nacional de Ciencias (NSF, por sus siglas en inglés), nuestro radiotelescopio era uno de los más grandes del mundo gracias a su plato reflector de 1,000 pies de ancho y un domo gregoriano de 900 toneladas. Colgaba a 450 pies del suelo y su plataforma quedaba suspendida al colgar por cables desde tres torres. La Fundación Ángel Ramos mantuvo una estrecha relación colaborativa con la organización, auspiciando su centro de visitantes y su anfiteatro. Allí se celebró la entrega del Premio Tina Hills 2016. “Ha sido un shock emocional para todos los que llevamos tantos años trabajando por mantener y crecer esta facilidad, todavía es difícil pasar y no ver el telescopio”, acepta su director ejecutivo, el ingeniero Francisco Córdova. “Pero sabemos también que es nuestra responsabilidad buscar la manera de seguir hacia adelante, de continuar, esa es la misma razón por la cual nosotros estamos aquí. Tenemos a todos los equipos trabajando en identificar qué tenemos que mejorar, qué otros equipos tenemos disponibles inmediatamente para cumplir con nuestra misión, pensando en el futuro, y qué cosa podríamos hacer: potencialmente un telescopio o un instrumento nuevo, qué capacidades quisiéramos, qué misiones de ciencia son las más atractivas. Dentro del shock que hemos pasado, de la tristeza y las frustraciones, también hemos logrado la manera de ver la esperanza. Siempre lo digo, este grupo de personas es increíblemente resiliente”, agrega. Como la ciencia no pasa de moda, los propósitos de la organización siguen firmes. Córdova destaca que, entre otros aspectos, “los lidars no fueron afectados y podemos continuar operándolos, nuestro equipo óptico sigue operando -los fotómetros, los imagers-, nuestra facilidad remota en Culebra no fue impactada, tenemos una antena de 12 metros que le estamos haciendo unos pequeños arreglos para que sea un poco mejor para la ciencia específica que estamos tratando de hacer”. Esos serán, asegura, “los instrumentos principales de nosotros ahora”. “… el Observatorio era parte de la cultura puertorriqueña y no podemos menospreciar el hecho de que se había vuelto un icono, un símbolo representativo de Puerto Rico que lo hemos perdido y es un impacto irremplazable”. El análisis de datos continúa, ya que cuentan con “más de un petabyte” de información que no han revisado, de modo que agilizan el trabajo con técnicos de sistemas. “Otros científicos están completando los modelos de forma de asteroides que ya hemos observado usando el radar planetario, así que tenemos bastante trabajo en términos de productividad científica delante de nosotros. Desde enero tenemos varias semanas de observación, hicimos un survey exploratorio y eso nos toma meses analizar, solo habíamos trabajado un 20% de esa data y creemos que va a haber muchos descubrimientos, así que estamos bien contentos por eso. Tenemos bastante trabajo frente a nosotros”, explica Córdova. SIGUEN LOS PROGRAMAS EDUCATIVOS Dilucidar cuál será la nueva misión y si se embarcarán en la reconstrucción del aparato conlleva un análisis profundo que ya comenzaron. Desde los terremotos de enero, trasladaron sus programas educativos a la vía remota, decisión que la pandemia por COVID-19 prolongó. “No queremos impactar ninguno de los programas educativos”, dice Córdova sobre el formato que continuará. Ahora buscan cómo llegar físicamente a la comunidad. Por eso, exploran alianzas con otras organizaciones para trasladar hasta sus sedes las exposiciones del Observatorio. Consultado sobre los esfuerzos de recogido de firmas que han generado grupos de estudiantes y científicos para exigir la reconstrucción del radiotelescopio, a su director le parecen “muy buenos”, ya que revelan “la importancia del Observatorio”. “Creo que es importante recalcar que tenemos tantos científicos que necesitan esta facilidad para hacer su ciencia, estudiantes que han sido impactados -hoy son ingenieros o científicos gracias a experiencias aquí-, desde ese punto de vista creo que es excelente el hecho de que la comunidad esté levantando la voz, que tenemos que continuar peleando y que queremos seguir teniendo un instrumento como el Observatorio en Puerto Rico”. Y las razones para conservarlo sobran, a juicio de Córdova. “La ciencia siempre ha sido nuestra prioridad y la productividad científica del Observatorio es la mayor de cualquier otra facilidad o radiotelescopio en el mundo. Sirve de inspiración a futuras generaciones, aunque vengas de visita con 6 u 8 años y quizás no entiendas la física aquí, es un lugar inspiracional y eso es una de las cosas que hemos perdido. Además, el Observatorio era parte de la cultura puertorriqueña y no podemos menospreciar el hecho de que se había vuelto un icono, un símbolo representativo de Puerto Rico que lo hemos perdido y es un impacto irremplazable”, dice el director quien, de paso, agradeció el apoyo de organizaciones y fundaciones aliadas. ¿Puede ser mejor el futuro del Observatorio? “Seguro que sí, quedan datos por analizar, ideas generadas a través de la comunidad científica que podrían crear algo igual o más especial. Habrá Observatorio de Arecibo para rato”, acaba confiado.
Desde la década del 80, la Fundación Ángel Ramos comenzó su relación con el Observatorio de Arecibo impulsando sus programas académicos y, luego, auspiciando el Centro de Visitantes y el anfiteatro. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé Mirando atrás, esta es la mejor forma de describir la larga relación de colaboración entre la Fundación Ángel Ramos (FAR) y el Observatorio de Arecibo: “Ha sido verdaderamente un honor”, dice Roberto Santa María presidente actual de la institución filantrópica, “porque no hay otro proyecto de tal magnitud en Puerto Rico”. “Y lo importante es que en la Fundación vamos a seguir tratando de hacer lo que haya que hacer para que se reconstruya el radiotelescopio. A corto plazo queremos ver qué se hace con las exhibiciones, para que niños y público general puedan seguir beneficiándose”, añade el líder de FAR. Agrega que al igual que el resto de los boricuas, la Junta de FAR y sus empleados están sorprendidos y tristes por el colapso del radiotelescopio. El Observatorio de Arecibo es uno de los proyectos más importantes de FAR. En el 1989 inició el vínculo cuando unieron fuerzas para crear el Centro de Visitantes Fundación Ángel Ramos, luego en el desarrollo e implantación de programas educativos para estudiantes, capacitación para maestros y en el establecimiento del Anfiteatro bautizado Argentina “Tina” Hills. Desde ese momento, las aportaciones han sobrepasado los $2.3 millones a través de los distintos consorcios de manejo que ha tenido el Observatorio: bajo la Universidad de Cornell, con el junte del Universities Space Research Association (USRA), Stanford Research Institute (SRI) & UMET-SUAGM y con el más reciente, integrado por la Universidad de Florida Central (UCF), Yang Enterprize y USAG. Bajo dicho consorcio, FAR realizó una segunda inversión significativa dirigida a la renovación del centro y a la adquisición de nuevos módulos educativos. En el 2016 se reinauguró como Centro de Ciencias y Visitantes Fundación Ángel Ramos. Además, se impulsaron nuevos programas educativos con contenidos aportados por la Universidad Ana G. Méndez, cuyas partidas acumuladas desde el 2011 sobrepasan los $900 mil. “Nosotros nos hemos enfocamos más en la parte educativa del Observatorio. Haber podido participar en los orígenes de la construcción de ese Centro de Visitantes, dio una visión de la importancia que tiene la educación en las ciencias para muchas personas que no tienen acceso de ninguna otra manera a algo como era el Observatorio”, señala Santa María. “Yo he visto bien positivo que las diferentes personas y entidades que están de alguna forma alineadas con este proyecto, como la Universidad de Florida Central, administradora del Observatorio, la Universidad Ana G. Méndez y la Fundación, se están moviendo rápidamente para ver qué se puede hacer ahora, no esperar seis meses o un año para entonces empezar a planificar”. Aunque consciente de que será un esfuerzo difícil debido a los altos costos y las consideraciones ambientales que deberán primar en el proceso, Santa María comparte la esperanza de muchos puertorriqueños: que se reconstruya el radiotelescopio. “Hay muchos esfuerzos que se están haciendo ahora mismo para tratar de crear conciencia, a cargo de científicos y de estudiantes. Aunque se le está dando mucha importancia a los científicos que vienen todo el año a hacer sus investigaciones, no podemos dejar de ver lo que representa el Observatorio para Puerto Rico en términos educativos, económicos y turísticos. No creo que haya un proyecto tan emblemático como el Observatorio, que es conocido en todo el mundo”, insiste Santa María. El Observatorio recibía anualmente unos 100,000 visitantes, de los cuales 30,000 eran estudiantes de todos los niveles. SIEMPRE EN MOVIMIENTO Con buenos ojos, Santa María ve que la dirección del Observatorio no se haya quedado “paralizada”, en medio de la emergencia que viven, y que no hayan olvidado el componente educativo mientras están en la rigurosa tarea de identificar daños, servicios que todavía pueden ofrecer y reflexionan sobre la posible reconstrucción del proyecto científico. “Yo he visto bien positivo que las diferentes personas y entidades que están de alguna forma alineadas con este proyecto, como la Universidad de Florida Central, administradora del Observatorio, la Universidad Ana G. Méndez y la Fundación, se están moviendo rápidamente para ver qué se puede hacer ahora, no esperar seis meses o un año para entonces empezar a planificar. Lo veo bien positivo para que los estudiantes no pierdan parte de lo que es el Observatorio, por ellos hay que seguir porque a lo mejor ibas y al principio no entendías mucho cómo funcionaba, pero luego las exhibiciones le daban algo más real a la experiencia para poder pensar, soñar y decir ‘yo quiero ser científico’, para saber que había otras cosas a las que podían aspirar en el mundo”, opina el presidente de FAR. Agregó Santa María que “a nivel temporero, a las exposiciones educativas hay que buscarle un espacio para que la gente pueda seguir disfrutándolas”. “Todo es tentativo hasta el momento, porque hay que evaluar cuáles se pueden sacar de la sede del Observatorio, pero algunas podrían moverse a organizaciones donatarias nuestras”, dice sobre muestras únicas en la isla en los campos de Astronomía y Astrofísica. No es la primera vez que FAR apuesta por el futuro del Observatorio. En el 2016 participó en las vistas públicas de la NSF para defender su permanencia debido a su importancia científica a nivel mundial, su valor educativo para nuestra comunidad y su potencia como activo de desarrollo económico y turístico. Ante el nuevo escenario, la lucha por impulsar su renovación continúa. Fotos / Archivo FAR
El estudiante de Ingeniería Mecánica en la UPR-Mayagüez, Wilbert A. Ruperto Hernández, inició con amigos egresados del programa preuniversitario del Observatorio de Arecibo, un movimiento para pedir al Congreso la reconstrucción de la estructura colapsada a inicios de este mes. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé Wilbert A. Ruperto Hernández encabeza junto a otros estudiantes el movimiento que busca atención del Congreso a la situación del Observatorio. Foto / Suministrada La rotura del primer cable de soporte del módulo transmisor y receptor del Observatorio de Arecibo el pasado agosto, y el anuncio de su administrador, la Fundación Nacional de Ciencias (NFS, por sus siglas en inglés), de demoler la estructura, fue suficiente para activarlos. La tarde del anuncio, ya Wilbert Andrés Ruperto Hernández se había comunicado con amigos que respaldaban la creación de un movimiento en redes sociales que pedía “detener la demolición”. Se llamó Save the Observatory y de inmediato generó atención de otros estudiantes de ciencia, profesores, investigadores y científicos del país y del exterior. Cuando el 1 de diciembre el radiotelescopio colapsó, al otro día el movimiento cambió su reclamo en la plataforma a “reconstruyan el Observatorio de Arecibo”. “Ya nos lamentamos, ahora manos a la obra”, recuerda Ruperto aquellos días tristes. “La comunidad científica ha generado conversaciones y documentos con miras a lograr esfuerzos de reconstrucción”, indica. A Ruperto lo guían muchas cosas en esta tarea, pero sobre todo el cariño y el agradecimiento hacia un espacio que fungió como brújula educativa en sus años de escuela superior. Estudiante de cuarto año de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, el joven integró el programa preuniversitario Arecibo Observatory Space Academy entre el décimo y el duodécimo grado, mientras de forma paralela estudiaba en CROEM. “Por dos años y medio, casi todos los sábados, yo pasaba el día investigando y trabajando en el Observatorio, por eso sé lo que puede hacer”, subraya el joven. “Este desastre se puede convertir en una oportunidad de innovación inmensa. Con los avances de la ciencia y la ingeniería se puede lograr un radiotelescopio más resiliente, menos costoso y más avanzado en cuestión de transmisores”. “Cuando unas horas antes de que fuera pública me dieron la noticia de la decisión de la NFS, me conmocionó porque sabía la importancia del Observatorio, porque la viví y entendía que se podía salvar; ese no podía ser su final. Motivado por ese sentimiento de pertenencia, me moví con amigos de la academia y al final del día ya teníamos 140 personas bajo el movimiento de Save the Observatory”, recuerda sobre la iniciativa que tiene cuentas en Facebook, Twitter e Instagram. En la plataforma We the People, especializada en peticiones dirigidas a la Casa Blanca, encuentras la petición en la que se solicita al Congreso ubicar fondos para la reconstrucción del radiotelescopio. Para ser considerada debe alcanzar las 100,000 firmas. FUERA LOS MITOS Participantes de programas educativos del Observatorio de Arecibo. Foto / Suministrada Si lees comentarios en redes sociales como este, “el Observatorio estaba obsoleto”, Ruperto se encarga de desmentirlo. “No solo no estaba obsoleto, sino que era una facilidad de investigación única en el mundo”, destaca el estudiante, “esto va más allá de nuestro 100 x 35”. “El impacto de no tenerlo es mayor que cualquier costo económico, eso no va a igualar los beneficios a la protección del planeta como, por ejemplo, monitorear en alta definición los asteroides que se acercan a la Tierra con información sobre su distancia, tamaño, composición y velocidad para poder desviarlo. Parece ciencia ficción, pero esto es real”. Explica Ruperto que los transmisores del radar planetario emiten energía en forma de ondas que rebotan contra asteroides o planetas, entre otros, y acá se recoge esa información. “Es como una linterna para alumbrar el espacio profundo y darnos información de lo que no sabíamos”, dice y agrega que el calendario de investigaciones para estudios subgraduados en el lugar estaba lleno. “Hay que reconstruir con rapidez para darle continuidad a los trabajos. Este desastre se puede convertir en una oportunidad de innovación inmensa. Con los avances de la ciencia y la ingeniería se puede lograr un radiotelescopio más resiliente, menos costoso y más avanzado en cuestión de transmisores, además de que le puede dar un boost económico al Barrio Esperanza, a Arecibo y a Puerto Rico entero”, acaba el estudiante. Si quieres colaborar con el esfuerzo, deja tu firma aquí. Fotos / Suministradas