El Instituto de Resiliencia del EcoExploratorio de Puerto Rico enseña a personas de todas las edades en comunidades, escuelas y ferias cómo protegerse ante los cambios de la naturaleza. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé La prioridad del Instituto de Resiliencia es hacer que la información y la educación en torno a las medidas que la ciudadanía puede tomar a nivel individual y comunitario estén accesibles a la mayor cantidad de público. Antes de explicar la labor educativa que el Instituto de Resiliencia, adscrito al EcoExploratorio, Museo de Ciencias de Puerto Rico, realiza alrededor de la isla, su director Ferdinand Guzmán aclara el concepto que tanto hemos escuchado en nuestro país en los últimos siete años. “Resiliencia no es aguantar, es prepararnos para saber qué hacer antes, durante y después de un evento de la naturaleza y eso es lo que nos hace resilientes. Es como la bolita que tiras y rebota, sale a flote de nuevo. Si cuando viene un huracán nos pasa lo mismo que en el anterior, no somos resilientes”, expone Guzmán en torno a un término que aspira al bienestar y la seguridad. El Instituto de Resiliencia que integra los ofrecimientos del EcoExploratorio nació en el 2021 y comenzó a operar en el 2022. Subvencionado por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), forma parte de los esfuerzos de la dependencia gubernamental para concientizar acerca de la mitigación de riesgos. “Lo que queremos es salvar vidas. Si yo te puedo educar sobre los riesgos que podría haber donde tú vives, quizás con esa información tomas decisiones que no ponen tu vida en peligro. Por ejemplo, a una persona que no quiere abandonar una zona inundable o que viva cerca de la playa, nuestra visión es explicarle las consecuencias de quedarse ahí. Eso nos llena, que puedan tomar decisiones informadas”, agrega Guzmán. En el geodomo 360 los participantes pueden ver un documental en el que se muestra el trabajo de organizaciones y comunidades resilientes en Puerto Rico como Casa Pueblo en Adjuntas, Toro Negro en Ciales o Naguabo somos todos. El director destaca que el Instituto de Resiliencia tiene como misión “inspirar a que las personas entiendan los sistemas naturales de la tierra y el espacio mientras construimos resiliencia comunitaria a través de STEM (acrónimo que alude al uso de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)”. “Nuestro objetivo es ser el eje de formación de comunidades resilientes”, subraya. La información que comparte el Instituto de Resiliencia aspira no solo a reducir la pérdida de vidas ante una amenaza de la naturaleza, sino además el daño a la propiedad. Para ello refuerzan la concientización pública. “La educación que llevamos es accesible, vamos mucho a las comunidades más remotas, de bajos recursos, para llevar el mensaje y para aprender de ellos porque los puertorriqueños ya tenemos experiencia en cómo ser resilientes”, destaca el intercambio de conocimiento que sucede durante las sesiones educativas. A partir de octubre de 2022, comenzaron las visitas y ya han impactado 34 escuelas y 15 comunidades. “Hacemos ferias comunitarias y en cada año el tema es diferente. En el primero hablamos de huracanes, en el segundo de terremotos y, luego, de la mitigación de riesgos. Llevamos nuestros geodomo 360 en el que se proyecta un documental con el trabajo de organizaciones y comunidades resilientes en Puerto Rico como Casa Pueblo en Adjuntas, Toro Negro en Ciales o “Naguabo somos todos” en Naguabo. Queremos que vean otros ejemplos”, describe el director parte del contenido educativo. Guzmán añade que la visita a Vieques está en agenda para este mes de julio y revela que han orientado a 23 mil personas durante las ferias comunitarias en el país. ACCIÓN EN LAS ESCUELAS "Lo que queremos es salvar vidas. Si yo te puedo educar sobre los riesgos que podría haber donde tú vives, quizás con esa información tomas decisiones que no ponen tu vida en peligro". Ferdinand Guzmán, director del Instituto de Resiliencia, adscrito al EcoExploratorio, Museo de Ciencias de Puerto Rico Cuando acuden a los planteles realizan ferias centradas en el aspecto educativo de la resiliencia; comienzan desde grados preescolares utilizando cuentos infantiles. Afirman que han completado 10,600 ferias escolares alrededor de la isla. “Las ferias comunitarias son abiertas a todo el mundo y asisten desde familias, hasta clubes y envejecientes. En las escolares nos adaptamos para llegar a los estudiantes de todas las edades”, detalla Guzmán las poblaciones con las que trabajan. Las “Expo Planeta Digital” son eventos más ambiciosos en su alcance de público y han realizado ediciones durante los años 2022, 2023 y 2024 en el atrio central de Plaza Las Américas en Hato Rey. “Más de medio millón de personas han participado, la más reciente fue el pasado abril. Este año se hizo diferente y fue más llamativo. Además del geodomo 360 con la proyección del documental de comunidades resilientes, tuvimos experiencias inmersivas sobre las inundaciones por huracanes. En el Oasis resiliente la familia disfrutó de información y juegos educativos sobre el tema y del metaverso, que es la experiencia más virtual en la que usando unas gafas te transportas. En la tarima diferentes recursos brindaron charlas; tuvimos conferenciantes de la Red Sísmica de Puerto Rico, de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) y de organizaciones como 7 Quillas, que comparten cómo aportan a que el país trabaje en su resiliencia”. AHORA PUEDES CAPACITARTE El Centro de Capacitación en línea es otra iniciativa importante del Instituto de Resiliencia. Los cursos gratuitos que ofrecerán abarcan aprendizaje especializado en caso de emergencias provocadas por huracanes, fuego, deslizamientos e inundaciones. “Queremos que la gente esté mejor informada y preparada. Ahora en julio lanzaremos el primer curso en línea sobre este tema, tiene una duración de cinco horas y lo pueden tomar en cualquier momento, es asincrónico. Sabemos que las personas trabajan, pero si le dedican una hora cada noche pueden completarlo. Los participantes recibirán una certificación”, confirma Guzmán. Durante el pasado mes de abril, Plaza Las Américas fue la sede de Expo Planeta Digital 2024, donde se presentaron al público general las herramientas y materiales informativos generados a través del Instituto de Resiliencia. “En el transcurso de este año y el próximo presentaremos 15 cursos. Para cerrar con broche de oro cada curso, puedes ir a nuestro training center en el Museo del EcoExploratorio (en el segundo piso de Plaza Las Américas) donde habrá simuladores, realidad aumentada y un área con testimonios orales que le permite a las personas contar su experiencia y qué hicieron. La idea es que a través de la tecnología la persona pueda entender mejor cómo funciona el sistema atmosférico y prepararse. Esa es la parte inmersiva que complementa los cursos en línea”. El Instituto de Resiliencia cuenta entre sus colaboradores con varias agencias gubernamentales locales y federales como el Negociado del Sistema de Emergencias 9-1-1, la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (AMSSCA), el Negociado del Manejo de Emergencias y Administración de Desastres, manejo de emergencias y programas de reciclaje municipales, así como la Oficina Central de Recuperación, Reconstrucción y Resiliencia de Puerto Rico (COR3). “Estamos cerca de alcanzar las 850 mil personas impactadas con todos nuestros programas. Cuando se acaben los fondos de FEMA queremos seguir el proyecto, la idea es ser autosustentables. Hemos visto la necesidad que hay de información como esta y es una educación alternativa que no se toca en las escuelas. Si hay que modificarla según la edad, se hace”, acaba el director. ¿Quieres saber más del Instituto de Resiliencia? Visita @EcoExploratorio: Museo de Ciencias de Puerto Rico en Facebook o ecoexploratorio.org. Fotos / Suministradas
La organización centenaria visita centros de trabajo para dar a conocer su variado catálogo de servicios. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé La organización ofrece servicios a niños desde los 2 años hasta adultos mayores. No creas que la YMCA de San Juan -o “La Y”, como también se le conoce- es solo para niños y niñas. Para derribar esa noción, la organización mantiene su campaña de orientación dirigida a que jóvenes, adultos y adultos mayores conozcan cómo pueden alcanzar su bienestar con los diversos servicios que brindan en su sede en Hato Rey. La gestión de promoción de “La Y” toca las puertas de comercios y empresas para compartir sus ofrecimientos y establecer alianzas. Al momento 2,300 participantes reciben servicios directos. “La iniciativa tiene varios propósitos, uno es dar a conocer los servicios que tiene la institución, llevarlos lo más cerca de las poblaciones que queremos atender. Históricamente la YMCA de San Juan, y te lo digo porque en mi caso yo fui consumidora de sus programas y servicios, es más que un espacio de deportes, es un proyecto social que ha aportado muchísimo al país y que sigue muy anónima. La gente no tiene conciencia de que tenemos todo un programa de ayuda a la comunidad, un programa de becas para apoyar a familias que no pueden acceder a los servicios, aunque los nuestros están completamente subvencionados”, declara Mabel Román Padró, directora ejecutiva de la organización. La institución, fundada en el 1913, tiene como uno de sus pilares el fortalecimiento de los lazos comunitarios. Por ello, buscan integrar a diversas generaciones en sus ofrecimientos. En la YMCA llaman a sus participantes “socios” porque con ellos quieren “construir una comunidad”. Hacen una aportación mensual que, “aunque es muy valiosa, nunca cubre el gasto del servicio”. “La idea es que ellos también aporten al proyecto”, dice Román. La dimensión de la YMCA es amplia y alcanza la capacitación laboral. La directora indica que han realizado trabajos con comunidades en Río Grande y en San Juan, han adiestrado en el cuidado del adulto mayor y a cuidadores de pacientes con Parkinson. “Mucha gente desconoce que tenemos uno de los mejores preescolares en la zona metropolitana. Sabemos que las personas están buscando oportunidades para sus niños, pero también para sus adultos mayores porque es una población en crecimiento. Por eso queremos salir, dar a conocer los servicios que tenemos para que le den una mirada más amplia y real a los servicios que históricamente ‘la Y’ ha estado dando al país”. “Crear alianzas con otras organizaciones, llegar a acuerdos para que todos nos beneficiemos es súper importante porque aquí la meta es servir”. Mabel Román Padró,directora ejecutiva de la YMCA de San Juan En la organización fundada en el 1913 aspiran a lograr una mayor cercanía con las poblaciones a servir y que los patronos los consideren una alternativa de provecho para sus empleados, quienes pueden aprovechar servicios para niños desde los 2 meses en los cuidos hasta adultos mayores. Los servicios recreativos deportivos inician desde los 6 meses en adelante, como es el caso de la natación, y se extienden hasta adultos mayores de 90 años. “Tenemos ofertas corporativas en las que si el patrono aporta una parte, nosotros le damos un descuento adicional al empleado para que tenga unos servicios que complementen su bienestar. Por ejemplo, una empleada de la empresa privada llega porque su patrono quiere que mejore su calidad de vida y haga ejercicios; un empleado saludable, que tiene atendidas las necesidades de su familia como el cuido de sus niños, debería ser un empleado productivo que no tiene situaciones que le descompensen en su trabajo. Son beneficios marginales que tú como empleador no tienes -por ejemplo, no todas las empresas tienen un gimnasio o actividades para los niños en las tardes-, así que nosotros las proveemos. Ahora tenemos un intercambio con una filial de empleados federales en la que a cambio de dar a conocer nuestros programas entre sus miembros, les damos un descuento a esos empleados y complementamos los ofrecimientos, servicios y beneficios marginales que tú como patrono no puedes dar. Aunque tenemos costos muy razonables, hacemos estos acuerdos y les decimos ‘tú me traes matrícula y yo te doy un descuento adicional’”, explica Román. “Crear alianzas con otras organizaciones, llegar a acuerdos para que todos nos beneficiemos es súper importante porque aquí la meta es servir”, agrega. DE VISITA “LA Y” La reparación de la cancha bajo techo permitió la reactivación del programa de voleibol, así como del uso activo del espacio para otras actividades. Cuando instituciones privadas les brindan la oportunidad, empleados de la YMCA les visitan para orientar a sus trabajadores en torno a los servicios que ofrecen en sus programas o el trabajo que pueden realizar como voluntarios de la organización. También informan acerca de su programa de becas para que niños provenientes de comunidades con escasos recursos económicos puedan disfrutar de los ofrecimientos, así como los que tienen diversidad funcional. “Llamamos a los líderes comunitarios, a trabajadores sociales que nos identifican a los niños. Tenemos otros programas para niños que les han removido la custodia a sus padres y están con algun familiar o en alguna institución, porque queremos que pasen un lindo verano con nosotros como todo niño debería. Así que tenemos varios programas de apoyo a la comunidad que pasan por debajo del radar”, señala. En el 2020, la directora fue invitada a formar parte de la junta directiva de la YMCA y le atrajo la oportunidad pensando “ser un puente” entre esa institución y comunidades en Barrio Obrero y Villa Palmeras “que son las más cercanas a mi corazón”. Luego le preguntaron si le interesaba ser considerada para la dirección y fue seleccionada a mediados de octubre del 2020, “con cero programas activos y dos empleados porque estábamos en la pandemia”. Sandra García, supervisora de servicio al cliente de la YMCA de San Juan, orienta al personal que labora en la tienda Walmart de Los Colobos sobre los programas y servicios que ofrece la institución. En febrero de 2021 comenzaron con una apertura escalonada debido a las restricciones de salud y hace un año abrieron el programa que faltaba, el de voleibol, luego de que se restaurara la cancha Jaime Luis González Inclán que perdió el techo tras el huracán María en el 2017. “Tenemos la bendición de contar con un equipo de trabajo bien compromertidos con el servicio y ellos están claros de que tenemos que movernos donde está la necesidad y la oportunidad. Acercarnos a esos espacios también es una estrategia de promoción y de divulgación para que la gente conozca ese otro perfil de la YMCA, algunos hasta pensaban que la organización estaba cerrada porque veían la cancha sin techo. Para mí es una oportunidad, es una escala puntual de reposicionarnos y decir ‘estamos aquí y seguimos dando servicios’. Necesitamos que la gente lo sepa”, culmina Román. Si deseas recibir orientación de la YMCA en tu centro de trabajo, puedes llamar al 787/ 728-7200 o escribir a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. document.getElementById('cloak58868e4f9d5ade402904e1a40ef63266').innerHTML = ''; var prefix = 'ma' + 'il' + 'to'; var path = 'hr' + 'ef' + '='; var addy58868e4f9d5ade402904e1a40ef63266 = 'info' + '@'; addy58868e4f9d5ade402904e1a40ef63266 = addy58868e4f9d5ade402904e1a40ef63266 + 'ymcasanjuan' + '.' + 'org'; var addy_text58868e4f9d5ade402904e1a40ef63266 = 'info' + '@' + 'ymcasanjuan' + '.' + 'org';document.getElementById('cloak58868e4f9d5ade402904e1a40ef63266').innerHTML += ''+addy_text58868e4f9d5ade402904e1a40ef63266+''; .
La iniciativa de los Centros Sor Isolina Ferré, en alianza con la Universidad Interamericana, viabiliza que aprendan computación básica en Guayama, Ponce y San Juan. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé Desde el pasado 15 de febrero, 100 participantes acabaron el curso en la Inter de Guayama, 80 en la Inter de Ponce y 60 en la InterMetro de San Juan. A lo largo de cinco semanas, un grupo de beneficiarios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN) y el Programa de Asistencia Temporal para Familias Necesitadas (TANF, por sus siglas en inglés), ha descubierto otras formas de sustentarse gracias a la iniciativa “Vamos pa’ la Uni”. Gestado por los Centros Sor Isolina Ferré (CSIF) -y con el respaldo de la Universidad Interamericana- el proyecto viabiliza que los participantes reciban cursos de computación básica y reciban una certificación al completarlo. Desde el pasado 15 de febrero, 100 participantes acabaron el curso en la Inter de Guayama, 80 en la Inter de Ponce y 60 en la InterMetro de San Juan. A finales de septiembre, los CSIF proyectan impactar 300 personas con esta propuesta de la que se han beneficiado desde madres solteras de 19 años, hasta adultos mayores de 62 que aún están activos en la fuerza laboral y desean refrescar destrezas. El curso de 36 horas abarca el programa Microsoft 365 y equivale a 2.5 créditos de educación continua. Además de las destrezas en computadoras, los estudiantes aprenden a manejar la herramienta ChatGTP, a preparar su resumé, así como tarjetas de presentación y opúsculos sobre los servicios de las empresas que algunos comienzan. Durante cinco semanas los participantes experimentan una especie de inmersión a la vida universitaria. “Con los programas de prevención que trabajamos en las comunidades nuestro objetivo es lograr la autosuficiencia económica para esos participantes que se benefician del PAN y el TANF. Queríamos proveerles herramientas para que puedan incorporarse a la fuerza laboral. Identificamos que una de las necesidades era el conocimiento tecnológico en nuestros participantes, porque hoy día cuando vamos a solicitar un empleo, independientemente del puesto que vayas a ocupar, te preguntan si tienes conocimientos de Microsoft y ellos no contaban con eso y no cualificaban al empleo”, explica Keishla Jaimán, supervisora de las tres regiones del programa de los CSIF. “En cinco semanas ellos tienen la oportunidad de vivir esa experiencia universitaria. No solamente le brindamos el conocimiento tecnológico con los profesores de la institución, sino que también contamos con nuestro equipo -los intercesores y el facilitador educativo- que le proveen asistencia para sus hijos. Esta es una parte bien importante para el logro de este proyecto”, agrega Jaimán. CUIDO Y TRANSPORTACIÓN “Vamos mostrándoles un nuevo panorama sembrando el que continúen estudiando y que lo pueden hacer. Nosotros estamos seguros de que nuestros participantes lo pueden lograr". Keishla Jaimán, supervisora de las tres regiones del programa de los CSIF Cuando en los CSIF realizaron un estudio de necesidades al diseñar el proyecto encontraron que las limitaciones principales para educarse entre la población que sirven eran la falta de transportación para llegar a las capacitaciones y de cuido y asistencia con sus hijos. “Ese servicio se da simultáneo, mientras mamá y papá se están capacitando en este conocimiento tecnológico, nuestro equipo le da refuerzo académico y actividades recreo-educativas a sus hijos para que esto no sea una limitación; es una iniciativa súper bonita”, describe y agrega que además se ocupan de la transportación de los participantes hacia las universidades. “La respuesta ha sido bien bonita de parte de nuestros participantes porque muchas son madres jóvenes que nunca habían tenido la oportunidad de vivir esta experiencia por la falta de cuido. Una de ellas, su bebé nació durante la pandemia del COVID-19 y la primera vez que dejó su hijo con alguien fue con nosotros. La experiencia ha sido bien buena”. Destaca otros casos como una mamá con una hija no vidente y otra mamá con un joven de 36 años con discapacidad, como ejemplos de que “no debemos encajonarnos solo en la asistencia a niños pequeños”. “Si soy una mamá con un hijo con diversidad funcional, ¿cómo puedo tener estos espacios para capacitarme y poder tener un crecimiento profesional? Ahí entramos nosotros. Esta es una experiencia universitaria para toda la familia”, señala. Las actividades recreativas para los hijos e hijas son un pilar del concepto del programa. La supervisora asegura estar “contenta y entusiasmada” con el proyecto. “Hemos recibido una gran acogida por parte de las comunidades, los participantes llegan por la puerta diciendo ‘mira, quiero inscribirme en el curso’ y eso es algo que no se ve muy a menudo y es súper lindo. Estos referidos que se dan de boca en boca, de que ya terminé el ciclo y le digo a mi vecina ‘tienes que ir para allá a tomarlo’, ha sido bien satisfactorio para nosotros como equipo”, indica. Les emociona asegurar la continuidad del proyecto y la semilla que siembran en los niños participantes que se exponen a nuevas vivencias educativas y laborales al visitar, por ejemplo, los laboratorios de veterinarios. “Vamos mostrándoles un nuevo panorama sembrando el que continúen estudiando y que lo pueden hacer. Nosotros estamos seguros de que nuestros participantes lo pueden lograr. Ellos anhelan el poder ser autosuficientes, el poder llevar su dinerito a casa porque el costo de vida está subiendo y la realidad es que con los beneficios solos no se pueden sustentar. Vemos mucho deseo de nuestros participantes de seguir hacia adelante y con las capacitaciones les damos todas las herramientas. Ofrecemos talleres de confección de jabón, repostería, artesanía, lociones corporales y el que tengan la herramienta tecnológica los ayuda a que puedan tener todo lo que necesitan para poner en acción un negocio o empleo. Ellos tienen el deseo, solo les faltaban las herramientas”, acaba Jaimán. Conoce las variadas iniciativas de los Centros Sor Isolina Ferré visitando: https://centrossorisolinaferre.org. Fotos / Suministrada / CSIF
El taller de creación musical del programa del Museo de Arte Contemporáneo lanzó el álbum “Barrio Obrero en el Microphone” en la plataforma Spotify, tras las sesiones con sus participantes en la comunidad. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé La asistencia a los talleres osciló entre los 15 y 30 participantes a lo largo de todo el periodo. A viva voz expresaron con seguridad su decisión: “¡reguetón!”. Así se encaminó el álbum “Barrio Obrero en el Microphone” que resultó del taller de creación musical “Ética y reggaetón” realizado por el programa “MAC en el Barrio” con participantes entre los 7 y 17 años residentes en la comunidad santurcina. La iniciativa integra los ofrecimientos del Museo de Arte Contemporáneo (MAC). La Casita Amigos Jesús Maestro, ubicada en Barrio Obrero a minutos de la céntrica Placita Barceló, fue la sede del laboratorio musical donde los participantes experimentaron con palabras y sonidos junto a los músicos Wilfrido "Frido" Vargas y Víctor Díaz Diez, guiados por el marco artístico propuesto por la coordinadora del programa, Katia Cruz Quintana. A lo largo de dos meses y medio en los que la asistencia osciló entre 15 y 30 participantes, produjeron tres canciones originales. Los participantes recibieron primero instrucción básica en música y, posteriormente, trabajaron los temas de las canciones originales. “Hicimos un sondeo a viva voz porque no querían sentarse a llenar los papeles de la encuesta de intereses y todos dijeron primero, ‘música’, y después, ‘reguetón’. Luego hablaron de cocina y baile. En los géneros musicales favoritos estuvo el reguetón, el rap y el dembow; la mayoría de los participantes son dominicanos, sólo había tres puertorriqueños”, explica Cruz Quintana los inicios del proyecto el pasado diciembre. La coordinadora afirma que “no pensé que fuera un problema” el género musical escogido por los jóvenes, puesto que pensó que a través del arte contemporáneo “podemos abarcar el reguetón de forma crítica”. Lo próximo fue la selección del contenido de las tres canciones. “Ellos querían hablar del día a día, de sus amistades, del salón de clases. Un día una compañera que es bien habladora, Amanda, estaba muda y de ahí salió la canción: ‘¿Qué le pasa a Amanda?’. También querían hablar de estar en la playa. El reguetón era el medio para compartir sus sueños, sus risas, sus deseos y hasta sus mofas y bromas sanas a Amanda. Eso también puede ser reguetón”, declara Cruz. El grupo de jóvenes habló acerca de los asuntos que les inquietan, desde la migración hasta las bromas cotidianas que surgían entre ellos y esa fue, precisamente, la temática que abordaron en las composiciones. Vargas, músico dominicano, y Díaz, sonidista, les brindaron primero instrucción básica de música y luego entraron a la creación colectiva. “Muchos quisieron hablar de la migración, de lo que era vivir en Puerto Rico como niño y como joven, algunos sólo llevaban un año, dos o tres en Puerto Rico. Ese contacto fue un elemento súper clave. Después que se grabó el material, se trabajaron las cortinas y el editor hizo magia. Con nuestro equipo audiovisual se subió a la plataforma digital Spotify, lo que tardó un poco porque ellos revisan primero el material que suben”, recuerda sobre la gestión que se completó en mayo. LOS NERVIOS DEL DEBUT Con la petición de acceso a Spotify comenzó “el desespero” de los participantes por saber la fecha de publicación de sus canciones. “MAC en el Barrio pone en altoparlante lo que la gente y la cultura ya tienen en cada lugar, que son cosas súper mega valiosas. Ellos lo saben y nosotros les seguimos los pasos, con nuestros recursos celebramos con ellos. Aportamos la mirada crítica y cómo el arte contemporáneo puede ayudar a visibilizar y a hablar de nuestras necesidades". Katia Cruz Quintana, coordinadora del programa “En marzo hicimos el día de entrega de certificados del taller y lo convertimos en un ‘listening party’ de sus canciones, se las pusimos a máximo volumen en el museo. Después pidieron escuchar dembow, bachata, merengue, salsa y se pusieron a bailar. Fue toda una fiesta, lo que se había propuesto con el ‘listenig party’”. Cuando el álbum subió a Spotify, Cruz notificó a los artistas implicados. “Imagínate cómo estaban ellos, todos los días preguntaban cuando subía y por fin pasó; lo publicaron en sus redes, en Instagram”, recuerda entusiasmada. Para Cruz, la atención y el trabajo que el programa “MAC en el Barrio” realiza en las comunidades “aporta legitimización y validación de las culturas que la historia general o más conservadora han querido dejar a un lado”. La iniciativa también le permitió retornar al Barrio Obrero de su niñez y en el que se desarrolló su familia, por lo que define la vivencia como “bien especial”. Los ejercicios de taller fueron dinámicos tanto en el uso de la tecnología como en la ocupación del espacio. Esto generó mayor comodidad e interacción entre los participantes. “MAC en el Barrio pone en altoparlante lo que la gente y la cultura ya tienen en cada lugar, que son cosas súper mega valiosas. Ellos lo saben y nosotros les seguimos los pasos, con nuestros recursos celebramos con ellos. Aportamos la mirada crítica y cómo el arte contemporáneo puede ayudar a visibilizar y a hablar de nuestras necesidades. MAC en el Barrio es pluralidad pura”, describe Cruz Quintana quien alertó sobre el creciente deseo de aprender música o expresarse a través de ella entre los jóvenes en las comunidades. “Cuando les preguntamos no me dicen ‘cine’, ni ‘pintura’, ellos dicen ‘música’ y en el MAC estamos ready para eso”, afirma. El nuevo ciclo de “MAC en el Barrio” está listo para comenzar en julio en Loíza. La coordinadora Zarina Dorna trabajará “Loíza en el microphone” en el Residencial San Patricio porque allí, cuando les preguntaron a los jóvenes qué querían trabajar para expresarse, la respuesta fue la misma: “¡reguetón!”. Uno de los momentos más emocionantes para los participantes fue el poder encontrar sus canciones disponibles en la plataforma de distribución de música Spotify. Para celebrarlo realizaron un "listening party". El proyecto artístico “Barrio Obrero en el Microphone” de “MAC en el barrio” contó con el respaldo de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal de Puerto Rico (AAFAF). ¿Quieres escuchar las canciones? Busca en la plataforma musical Spotify bajo el nombre de Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico: https://open.spotify.com/int.../album/5RRXzisIGKkLGTaBEqz0Gp Fotos / Suministradas MAC
La organización que integra la Iniciativa Preescolar de la Fundación Ángel Ramos presenta “Resiliencia: compromiso de todas y todos” y ya puedes descargarlo. Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé El equipo de Alcanza junto a la directora ejecutiva de la Fundación Ángel Ramos, Laura López, durante la presentación del nuevo proyecto. Todo el conocimiento acumulado por Alcanza luego de los talleres dirigidos a maestras y cuidadores de niñez temprana realizados en diversas zonas de Puerto Rico tras el paso del huracán María en el 2017, los terremotos y la pandemia en el 2020, han dado paso al nuevo módulo de la iniciativa educativa de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, que además integra la Iniciativa Preescolar de la Fundación Ángel Ramos. “Resiliencia: compromiso de todas y todos” se convierte en el módulo número 15 de Alcanza y está disponible de forma gratuita mediante descarga. La fenecida directora de Alcanza, Anette López de Méndez, impulsó su creación tan pronto comenzaron a documentar el estado de la población infantil luego de estas vivencias. Los resultados fueron presentados y reconocidos en la convención de la National Association for the Education of Young Children (NAEYC). Como nueva directora, Yarimar Rosa Rodríguez continuó los esfuerzos. En el módulo, las especialistas Wanda Figueroa Fuentes y María de los Ángeles Agrinsoni Malavé comparten autoría del texto “Lecciones que no se olvidan: Contribuyendo a construir la esperanza en la niñez y las familias”. Portada del nuevo módulo de Alcanza titulado “Resiliencia: compromiso de todas y todos”. Figueroa Fuentes también trabajó “Eso que llaman RESILIENCIA”, mientras que Agrinsoni Malavé se ocupó de “El educador o la educadora: Pieza clave hacia la resiliencia”. “La diversidad: Un camino hacia la transformación de una comunidad resiliente” fue el texto trabajado por Sugeili Ortiz Rivera mientras que Germie Corujo Martínez presenta “La resiliencia en la niñez: el uso de la narrativa para entretejer las voces de la niñez”. Yarimar Rosa Rodríguez tuvo a su cargo el prólogo. “Después del huracán María se hicieron unas investigaciones en el Centro de Investigaciones Educativas (CIE) con la mayoría de los centros en la isla para recopilar información de cómo estaba la parte socioemocional y la parte estructural, especialmente cómo estaba la población con la que trabajaban esas maestras y cómo se encontraban ellas. Se creó una propuesta para trabajar la parte de resiliencia en la Universidad de Puerto Rico en Cayey invitando a los municipios que tuvieron mayor impacto por el huracán María”, explica Kiana P. Pacheco Bonilla, coordinadora de proyectos del CIE. “También habla mucho de transportarnos hasta ese niño interior que tenemos cada uno de nosotros, cómo sanarlo y cómo -a través del tiempo- nos convertimos en personas resilientes sin darnos cuenta”. Kiana P. Pacheco Bonilla, coordinadora de proyectos del Centro de Investigaciones Educativas (CIE) Del resultado de esos talleres iniciales que abordaron el concepto de resiliencia para los alumnos, sus familias, profesores y comunidad, parte el nuevo módulo 15 que ya fue presentado oficialmente al público el pasado mayo. Los eventos que le siguieron al ciclón también generaron contenido que resultó útil para la publicación. “Ya tenemos unas impresiones del módulo que queremos compartirlas con participantes del suroeste, que es donde estamos trabajando ahora con la Fundación Ángel Ramos. También en la página de Alcanza lo tenemos en formato digital y pueden accederlo y bajarlo, no solamente el nuevo sino todos los que ha publicado Alcanza. Están en PDF y pueden ser aprovechados por familias, educadores, cualquier persona que trabaje con niñez temprana”, señala Pacheco. Además de estrategias para realizar con estudiantes, la coordinadora asegura que el módulo 15 invita a la autorreflexión sobre vivencias que pueden encaminarte al deseado proceso de resiliencia. “También habla mucho de transportarnos hasta ese niño interior que tenemos cada uno de nosotros, cómo sanarlo y cómo -a través del tiempo- nos convertimos en personas resilientes sin darnos cuenta”. Encuentra el módulo y aprovecha su contenido en esta dirección: https://cie.uprrp.edu/alcanza/. Para conocer la labor de Alcanza visita: http://alcanza.uprrp.edu. Fotos / Suministradas / Alcanza